16/05/2019

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Viaje a lo profundo del valle zondino donde florecen el vino y el arte

Allí están las fincas donde la firma Xumek desarrolla un delicioso maridaje de paisaje, cultura y sembrados que espera abrir al mundo. Postal sanjuanina de alto impacto.




Una maravilla para pocos. Eso es hoy el paraíso zondino enclavado a pocos kilómetros de la ruta 12, a la altura del puente blanco, donde se abre un impactante complejo de fincas con los mejores varietales acompañados por un concepto artístico y paisajístico notable que sus propietarios quieren desarrollar y mostrar con orgullo al país y el mundo.

Por eso abrieron las puertas para mostrar el estado en que está hoy este tesoro escondido, ya claramente avanzado en un concepto que puede definirse como de armonía conservacionista, cultural y vitivinícola. Con muchos de sus desarrollos ya consolidados y otros que aún figuran en la carpeta de los sueños.

Ezequiel Eskenazi, el responsable de la firma Xumek que lo enorgullece visiblemente, fue el anfitrión de la recorrida por la propiedad. Mostró los tres núcleos productivos más importantes (Santa Sylvia, la Leona y La Ciénaga, la niña mimada de la firma). Sus realidades y sus ilusiones. Y la intención de fogonear una apertura al turismo controlado subiendo el listón de las atracciones sanjuaninas, hoy limitadas en esa categoría de vinos en ambientes de alto impacto visual y sentido conservacionista.

 

Comenzó la recorrida justamente en este último punto, descubriendo al visitante las especies de guanacos y ñandúes rescatados de la caza furtiva en una zona virtualmente depredada. Son una especie de grandes corrales en los que se despliega el desarrollo faunístico de la firma, que consiste en recuperar la fauna autóctona cuidándola de la caza indiscriminada y generando un ambiente para que se reproduzcan. Cuando estén las condiciones, explica Ezequiel, la idea es devolverlos a su hábitat natural

 

Continuó la caravana hasta el corazón de la finca Santa Sylvia, donde Xumek desarrolla unas 150 hectáreas de parrales en las que predominan las variedades Syrah, Malbec, Tannat, Chardonnay y Sauvignon Blanc.

Ese lugar es el reservorio capaz de almacenar unos 6 millones de litros de agua y que sirve para dar riego a toda la extensión principal. Allí pueden verse los esfuerzos por activar una perforación para reforzar el flujo, entre los árboles diseñados para este impactante entorno paisajístico. A la vista queda un enlagunado atractivo con especies implantadas cuidadosamente por un renombrado paisajista, bordeado de un coqueto mesón para reuniones al aire libre. O simplemente para disfrutar.

El siguiente paso es el núcleo de la finca La Leona,  presidida por una notable escultura del artista plástico sanjuanino Ricardo Bustos. Lleva ese nombre por la pasión de Ezequiel por los animales y allí nace un coqueto viñedo que es el dueño del ambiente. Un poco más abajo se despliegan las plantaciones de olivos, un rubro que la firma ya explora y espera hacerlo con mayor peso en el mercado.

Desde allí hay que subir varios escalones en el faldeo de la sierra zondina para llegar a los casi 1.500 metros sndm y encontrarse con una monumental terraza natural en la que la firma espera construir una bodega y una cava de guarda que serán únicos en la provincia y en el país.

En conjunto, se trata de una inversión de unos U$S 12 millones. Ya hicieron en el cerro algunas exploraciones de aproximación para determinar si la consistencia de la montaña soporta el túnel que hace falta para la cava, y los resultados fueron muy buenos. En el borde del balconeo natural, con un paisaje imponente que llega hasta el espejo del dique Ullum y domina todo el valle, irá la bodega.

Cuenta Ezequiel de las objeciones que le plantearon los responsables de la elaboración, que deberán subir una cuesta empinada con cada camión cargado de uvas a vinificar. También de los costos extra que acarreará la construcción y la explotación. Pero está decidido a priorizar el fenomenal impacto visual que ofrece la posibilidad de una bodega a esa altura. La acompañará, cuenta, con una colección de desnudos artísticos de grandes pintores argentinos que ya está en su colección personal, y a la que le destinará una construcción especial para combinar el vino, la cava de guardado y el arte.

El comienzo de esa obra que promete generar una visagra para el turismo en bodegas de San Juan está pendiente de los tiempos políticos.

Justamente en referencia a la cultura que se huele a lo largo de todo el recorrido, el siguiente stop es sobre una plataforma natural donde será construida la vivienda principal, distante a pocos metros de la ballena. Está en un punto intermedio, ya en descenso desde donde estará la bodega. Pero la perspectiva es aún mejor, más amplia, lo que justifica la elección.

¿Una ballena en plena altura?, ¿cómo es eso posible? La única manera es mediante el talento inalcanzable de Adrián Villar Rojas, uno de nuestros grandes artistas plásticos, quien se tomó algo más de dos meses de su valioso tiempo para dejar testimonio de paso por Zonda y su mirada incomparable.

 

 

Fue eso lo que demoró en cranear y luego ejecutar semejante obra en ese lugar prácticamente inaccesible, lo que complejiza aún más su realización. Primero sentirlo, luego diseñarlo y finalmente ejecutarlo colocando una armazón de hierro, probando texturas, midiendo que la erosión del viento y el agua no resultara fatal para todo ese esfuerzo. Así fue como nació este gigante encallado a unos 1.000 metros de altura, que domina desde abajo y desde arriba.

Entre el artista, tres colaboradores que llegaron especialmente y otros tres aportados por la finca, acarrearon las toneladas de hierro y concreto que descansan en tremenda obra de arte. Un obrador ubicado a unos cien metros, y dele llevar y traer baldes hasta modelar de modo mágico la ballena.

Que tendrá compañía. Porque ya están comprometidos como mínimo otros tres artistas plásticos para aterrizar en Zonda y dejar su propio testimonio de su paso. Lo harán próximamente Nicola Costantino, Gabriel Valanci y Pablo Reinoso. Con la idea de acompañar a la ballena e ir modelando un faldeo artístico impactante.

Desde allí hay que bajar drásticamente para volver a subir lentamente, y ubicarse en el la perla de la firma. Son unos 30 minutos hacia el sur, por la vía que se dirige a Agua Pinto pero sin desviarse y hasta ubicarse en los alrededores del valle de Pedernal, al pie del infiernillo y en plena zona estrella para los vinos más premiados.

Aparece repentinamente a la vista del visitante una franja ocre, del otoño y las viñas. Es la finca La Ciénaga, a 1.500 metros de altura, donde Xumek desarrolla unas 50 hectáreas de viñedos Premium con los que espera tener excelentes resultados. Ya los tiene, en todo aspecto: en el visual, con el cuidado diseño paisajístico que acaba de alumbrar un flamante refugio diseñado para recibir visitantes, y también desde la factura de los vinos que resultan, como atestiguarán unos minutos más tarde la degustación.

Cuenta con orgullo Daniel Ekkert, el apasionado enólogo de la empresa, los esfuerzos que debieron realizar para poder desarrollar tanto la finca como los vinos. Los productos de Pedernal, por su altura y las características de su suelo, vienen siendo una especial atracción en el mundo vitivinícola y hacia allí decidió enfocar el esfuerzo la firma.

El chardonnay, el malbec y el syrah que descorchó en la degustación no dan margen a la duda sobre la factura de estos vinos. Excelente calidad que deviene de uvas tan cuidadas. Hay un porcentaje de estos viñedos de La Ciénaga, combinados con el resto de la producción de la firma y una intención manifiesta del winemaker de no dejarse invadir por la tendencia a la madera, de manera de conservar lo mejor posible los sabores de la tierra. El paladar y la vista, agradecidos.

Hay una etiqueta renovada, como no podía ser de otra manera, con obras de arte. Y hay un ambiente diseñado para realzar esos placeres: paredes en tonos vínicos, mobiliario en roble, delicadas copas, una obra de nuestro artista especialista en Cordillera, Carlos Gómez Centurión. Y ventanales abiertos hacia la inmensidad de los parrales que serán seguramente muy útiles en invierno, cuando las bajas temperaturas aprietan en esa zona y la estufa hará que la soledad del paraje se pueda disfrutar.

A pocos pasos de allí, un refugio de techo enjarillado recubre un mesón de grandes momentos, parrillero, asador y horno correspondientes bien a mano y un despliegue de colores hacia la finca que el otoño hizo más evidente, pero que el verde del verano o las nieves del invierno no dejan sacarse ventaja. La cordialidad, una yapa de las buenas compañías.

De allí, al secreto mejor guardado de esta explotación. Un triple enlagunado que surge de un par de vertientes ubicadas cerro arriba, a pocos metros. Allí se conformó un verdadero ecosistema en plena precordillera, además de diseñarse las estaciones de bombeo para llevar agua segura para el desarrollo de estos parrales de luxe

Verdadera postal de cierre para una recorrida impactante sobre lo que ya hay, y en especial lo que asoma en los sueños de desarrollo para un emprendimiento destinado a cambiar la ecuación turística sanjuanina. Un cuadro metafórico: convertir un pedregal en un vergel. Y llamar a todos para lo que lo vengan a ver.

Fuente: https://www.tiempodesanjuan.com/sanjuan/2019/5/14/viaje-lo-profundo-del-valle-zondino-donde-florecen-el-vino-el-arte-254579.html


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