19/12/2018

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El Bonarda: entre los vinos de autor y los de alta gama

Desde hace mucho es la segunda variedad más cultivada en el país, pero tardó demasiado tiempo en ser tenida en cuenta como potencial vino de alta gama. Finalmente, en estos últimos 10 años y con el impulso desde el gobierno de San Martín, el Bonarda está consolidándose en el mercado.




Como cierre de este año, 28 bodegas mostraron sus productos en el Centro de Congresos y Exposiciones, y allí se pudieron degustar hasta espumante y un blanco de este varietal de excelente calidad. Pero las mejores historias siguen siendo las de los laboriosos enólogos que, sin finca ni bodega propia, hacen una cantidad limitada y venden a pedido "por pasión y no por dinero", dice uno de ellos.

Horacio Graffigna es de Junín, tiene 39 años y aclara que su estirpe bodeguera no le viene de su apellido paterno, sino del lado de Buscema, su madre. "Comencé a hacer vino hace poquito, apenas 8 años", dice.

Hay más de 50 bodegas abiertas a este desafío revitalizado de Bonarda, pero en el cierre anual estuvieron representadas 28 con sus vinos y entre todos es imposible que el de Graffigna pase desapercibido. Se llama Que sea sangre y en la etiqueta de la botella resalta ese nombre.

Podría suponerse que el nombre tiene una fuerte raíz poética, mística, hasta religiosa... pero no, tiene un origen totalmente humorístico. "Hay un cuento que dice que un borracho va caminando, abrazando su botella, y es atropellado al cruzar la calle. Vuela por los aires y queda inconsciente por un momento, tirado en el pavimento. Al despertarse ve que está tendido en medio de un charco rojo. Entonces ruega: "¡Que sea sangre, que sea sangre...!".

Graffigna cuenta: "El viernes en la noche, un asado de amigos, se vuelca copa de vino y todos dijimos ¡que sea sangre! El miércoles registré la marca... y acá está el vino".

Luego cuenta su historia: "Todo empezó con uvas de un viñedo de mi familia, en Chapanay, de dos variedades: Malbec y Bonarda. En 2017 compré uva del Valle de Uco, manteniendo los dos varietales, para darle una vuelta y probar. Hice 2.200 botellas con esa uva de El Cepillo, en San Carlos. Es una partida limitada. Las vendo, las distribuyo y las cobro yo, acá en Mendoza. En Buenos Aires, tengo dos distribuidores, pero, esencialmente, los pedidos me los hacen a través de las redes sociales".

"¿Hacés plata con esto?", le pregunta este cronista y la respuesta no tarda en llegar: "No. Esto lo hago por pasión, por amor. Son costos muy altos y el margen es muy chico. Soy enólogo, trabajo en otras bodegas y vivo de eso. El hacer mi vino es por gusto".

Nicolás Gabardós (37) comenzó en 2009 a hacer vino, sin finca y sin bodega. Compró 1.000 kilos de uva de un parral de Syrah de una finca de Tres Porteñas. Elaboró 700 botellas en el garage de su casa, en Villa Hipódromo, y comenzó a ganar premios. "Casi nadie hace Syrah", dice. Ahora elabora 26.000 botellas de ese varietal, también hace Malbec y ahora se lanzó al Bonarda.

Sus vinos se llaman Luna roja, en honor a un tema de Soda Stereo, su banda preferida. "Sí, ahora ya vivo de esto", dice y cuenta que el Bonarda también salió de la misma finca de Tres Porteñas. "Es una finquita de 30 hectáreas. Tanto la Syrah como la Bonarda están en parrales, con riego por goteo, lo que restringe el riesgo y logra más concentración de aromas", cuenta.

Fuente: https://www.diariouno.com.ar/mendoza/bonarda-vinos-autor-alta-gama--12162018_ByeQY-A7lV


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