17/10/2018

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Vinos medallistas: cómo compiten para disputarse los mayores honores en el mundo

Las medallas de oro, plata y bronce son famosas en el mundo del vino desde mediados del siglo XIX, y siguen siendo muy efectivas para promover las etiquetas en las góndolas. Pero no todas son tan respetadas por los consumidores. Entender cuáles son las más valiosas es clave a la hora de elegir una botella




Por Fabricio Portelli

Cuando no existían la radio, la televisión, ni mucho menos internet, la mejor manera de promover un vino era participando de exposiciones. Así fue como la Exposición Universal de París celebrada en 1855, que duró de mayo a noviembre y estuvo dedicada exclusivamente a los productos de la agricultura (como el vino), la industria y las artes, marcó el vino para siempre, ya que fue donde se oficializó la clasificación de los vinos franceses de Burdeos, por pedido de Napoleón, y el mundo empezó a conocer los mejores vinos.

Cabe destacar que hoy en día (más de 150 años después) muchas de esas etiquetas continúan siendo reconocidas como las mejores a nivel internacional. Pero los afamados Grand Cru Classé franceses ya no suelen participar de las competencias vínicas, que se crearon con el fin de promover las etiquetas más salientes de cada región, seguramente para no perder el prestigio adquirido.

La Oficina Internacional de la Viña y el Vino (actualmente OIV) comenzó a pensarse luego que una plaga (la filoxera) devastara la mayoría de los viñedos europeos a fines del siglo XIX. Pero fue a mediados del siglo siguiente que la OIV comenzó a intervenir fuertemente para cumplir su misión como organismo intergubernamental de carácter científico y técnico, con una competencia reconocida en el campo de la viña, el vino, las bebidas a base de vino, las uvas de mesa, las uvas pasas y otros productos derivados de la vid.

Esto, entre otras cosas, derivó en la creación de varios concursos de vino alrededor del mundo, los cuales debían contar con el aval técnico de la OIV para ser tenidos en cuenta.

Al comienzo del nuevo milenio, los concursos de vino eran la estrategia promocional más elegida por las bodegas, sobre todo para ir a la conquista de los mercados internacionales. Al tiempo que el auge del vino permitió que vinotecas y supermercados se inundaran de botellas provenientes de todas las regiones vitivinícolas del mundo, y la competencia se fue complicando cada vez más. Allí, en ese campo de batalla comercial, había algo que hacía brillar más a unas etiquetas que a otras: las medallas ganadas en concursos, generalmente con calcos pegados (no confundir con los puntajes que se muestran de manera similar). Algo que el consumidor global asimiló fácilmente; mucho más que los cepajes, los terruños o los hacedores. Porque un "vino premiado" debería ser mejor que otro sin medalla del mismo tipo y segmento de precio.

Rápidamente los concursos de vino se multiplicaron, incluso surgieron competencias sin el aval de la OIV por considerar sus metodologías muy rígidas o anticuadas. Esto derivó en una proliferación de medallas, generando más confusión que claridad en el consumidor.  Fundamentalmente porque al haber tantas competencias la posibilidad de obtener alguna medalla es muy alta, ya que solo se compite contra los demás vinos participantes del certamen. No obstante, hay medallas vínicas que brillan tanto como las que ganan los deportistas en las Olimpíadas, y significan mucho, tanto para los bodegueros como para los consumidores más informados.

Cómo pueden ganar medallas los vinos

Al principio, los concursos debían estar inscritos en la OIV y respetar sus reglas. Básicamente se trataba de reunir a un panel de expertos degustadores para que cataran a ciegas las muestras, y en silencio completaran una planilla tipificada. Allí se consignaba un puntaje a la vista, al aroma, a la boca y a una conclusión final; y la sumatoria determinaría una calificación global. Por reglamento solo el 30% de los vinos concursantes podían aspirar a medallas; y esto determinaba el puntaje de corte entre cada tipo de medalla.

Pero la evolución del vino, los catadores y sobre todo la comunicación, introdujeron alteraciones al sistema. Siempre catando a ciegas (los vinos llegan a las mesas envueltos en papel y codificados), en copas normalizadas y temperatura correcta de servicio. Surgieron concursos con mesas redondas, en donde los jurados se miran y utilizan planillas con algo de información sobre cada vino. Así, los integrantes del panel podían discutir sobre la tipicidad de una variedad, de una zona, o la influencia de una añada. En algunos concursos incluso todos los jurados deben ponerse de acuerdo a la hora de determinar si un vino merece medalla o no. Los más ortodoxos sostienen que no hay que saber nada del vino para no ejercer influencia alguna sobre los degustadores, pero lo cierto es que hoy la calidad ya no es un valor agregado sino un atributo más del vino, y que los valores diferenciales están en la tipicidad y el carácter del vino.

Otra innovación fue reemplazar la escala estricta de puntajes de la OIV por métodos más abiertos. Por lo general las catas son por la mañana, pero muchas competencias precisan realizar dos jornadas diarias de degustaciones para evaluar todas las muestras que reciben, y de esta manera desafían la norma impuesta por la OIV que cada jurado cate un máximo de 45 muestras por día, durante un máximo de tres días. Cabe destacar que en todos los concursos de cata los vinos se escupen, ya que la apreciación sensorial es en la boca y con los aromas retro nasales, siendo innecesaria la ingesta para poder apreciar las características gustativas y táctiles de un vino.

Cuáles son las medallas más valiosas

Hay concursos internacionales, nacionales y regionales, y también temáticos por tipo de vinos, pero lo más importante es la incidencia que las medallas que cada uno otorgue tenga en las ventas. Por eso influyen más en el retail, sobre todo en mercados consumidores de países no productores, donde los vendedores necesitan más excusas para vender vinos a sus clientes.

Sin embargo, hay concursos que se han ganado el respeto del mundo. Por un lado, la cantidad de muestras (vinos) que se presentan habla de la confianza de las bodegas en dicha competencia; hoy los más importantes superan holgadamente las 10.000 etiquetas evaluadas. La cantidad de jurados (periodistas, sommeliers, enólogos, etc.) también puede ser un indicio, porque está relacionado directamente a la cantidad de vinos participantes. Pero muchas veces tiene más que ver con la necesidad de difundir los resultados alrededor del mundo.

Claramente la antigüedad de la competencia habla de una trayectoria, y si hay un medio detrás, la difusión está garantizada.

Sabiendo que toda bodega al ganar una medalla lo va a comunicar con todas sus fuerzas, al consumidor le queda guiarse por el sentido común, la información y el consejo del vinotequero amigo.

Los mejores vinos en un concurso reciben medalla Gran Oro, esto está reservado a muy pocos y generalmente superan los 95 puntos; los vinos con Oro estarán entre los 90 y los 94,99, las medallas de Plata significan que el vino alcanzó a lo sumo 89 puntos y las de Bronce algo menos. En todos los casos el nivel de los puntajes no es el mismo, pero sí muy similar, significando que los ganadores se destacaron mucho por sobre el resto para obtener medallas en una competencia.

No todos los vinos participan, aunque podrían. Algunos por ser de partidas muy limitadas y no poder hacerle frente a una eventual demanda que pudiera generar ganar una medalla importante. Aunque otros lo hacen para no perder el prestigio ya ganado, o por considerar que ya no es un medio adecuado para promover sus vinos.

La Argentina es un país muy activo en los principales concursos del mundo, por un lado, por la necesidad que hay de seguir ganando mercados, peor también porque una buena medalla empuja las ventas.

Entre las medallas más valoradas están las del IWC (International Wine Challenge) y Decanter World Wine Awards, ambos se realizan todos los años durante el mes de abril en Londres, y tienen mucha influencia en el Reino Unido -uno de los mercados más exigentes y competitivos- y en Asia. El Concours Mondial de Bruxelles, creado en Bélgica como su nombre lo indica, se realiza todos los años en ciudades europeas de zonas vitivinícolas, pero este año llegó hasta China, y es de los más respetados. Mundus Vini se realiza en Alemania antes que todos, y los premios se anuncian en Prowein, devenida en la exposición de vinos más importante del mundo. Vinalies Internationales (Francia), IWSC (Reino Unido), Bacchus (España) y Vinandino (Argentina), entre otros, son algunos de los concursos en los que más vinos argentinos participan.

5 vinos ganadores de medallas este año

Parcel Los Castaños Malbec 2013
Terrazas de los Andes, Paraje Altamira IG, Valle de Uco $1800
El joven enólogo Gonzalo Carrasco sigue sacándole el jugo a los Malbec de la bodega. Este vino nace en un terruño salvaje de suelos pedregosos, sus aromas son equilibrados. De buen cuerpo, y trago refrescante, con taninos finos y firmes, y las notas de crianza muy bien integrada. Se nota que es un tinto de altura por sus texturas y ese carácter de frutas negras con dejos herbales que se percibe en su profundidad. Recientemente fue galardonado con medalla "Gold Outstanding" (Oro Destacado) en el IWSC 2018.
Puntos: 92,5

Fabre Montmayou Gran Reserva Malbec 2015
Bodega Fabre Montmayou, Vistalba $600
En la cuna del Malbec mendocino nace este tinto con fuerza y de agarre. De expresión madura pero fresca, con buena fruta roja y toques vegetales. De paso consistente y equilibrado, todavía joven, con sus taninos finos y firmes que le aseguran buen potencial. Solo necesita un par de años de estiba para que la madera se integre más y aporte complejidad al final de boca. En 2018 obtuvo medalla de oro en los Decanter Wine World Awards.
Puntos: 91

El Esteco Old Vines Torrontés 2017
El Esteco, Valle Calchaquí $620
Alejandro Pepa (enólogo) y Francisco Tellechea (agrónomo) han encontrado un viejo parral plantado en 1945. Con uvas seleccionadas de las mejores plantas añosas, lograron un blanco con buen ataque y cuerpo, con mucho carácter. La frescura potencia su tipicidad floral. Con más fuerza y vibrancia que sus antecesores. Es voluptuoso y por sus expresiones se recomienda servir en decantador. Incluso es un vino que ganará con la guarda. Obtuvo un "National Trophy" y doble medalla de oro en IWC 2018.
Puntos: 91

La Macota Cabernet Sauvignon 2016
Mascota Vineyards, Cruz de Piedra, Maipú $550
Rodolfo "Opi" Sadler sorprende una vez más con un tinto completo. De aromas equilibrados y expresivos, con muy buen carácter varietal y también de lugar. Con ese ataque fresco y paso especiado, también algo cárnico con frutas rojas algo maduras. De buen volumen y equilibrio, con agarre y final consistente. Tiene atributos de sobra para destacarse, como lo hizo en el reciente Vinalies Internationales 2018 al quedar como Mejor Vino Tinto del Mundo.
Puntos: 91

Pyros Barrel Selected Syrah 2015
Pyros Wines, Valle de Pedernal, San Juan $350
Este exponente del Valle de Pedernal va ganando equilibrio y eso se empieza a notar en el vino. De aromas equilibrados, buen cuerpo y algo goloso en su carácter, propio del varietal. Con cierta madurez y taninos incipientes, hay frutas rojas y especias en un paladar moderno y ágil. Claramente una nueva etapa del cepaje ha comenzado en San Juan. En el marco del concurso internacional de vinos Mundus Vini, donde se degustaron más de 6700 vinos, logró el premio "Grand Gold" y la distinción como "Mejor Vino de Argentina".
Puntos: 90

Fabricio Portelli es sommelier argentino y experto en vinos

Twitter: @FabriPortelli


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