13/09/2018

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¿Habrá un día grandes vinos chinos?

Las cifras engañan. El hecho de que China se ubique, tras España, como el segundo viñedo del mundo con 870.000 hectáreas no quiere decir, pese a las interpretaciones de algunos, que el gigante asiático se vaya a convertir de la noche a la mañana en uno de los grandes productores de vino, aunque con sus 10,8 millones de hectolitros elaborados en 2017 se sitúe ya en ese selecto club al que pertenecen Sudáfrica, Alemania o Chile con producciones en ese entorno.




La celebración del Concurso Mundial de Bruselas, itinerante hasta ahora en el continente europeo, ha servido para conocer algo más la realidad del sector del vino en China, que aún está lejos de ser una potencia cercana a Francia, Italia o España en producción.

Expertos como Michel Rolland o el malogrado Denis Dubourdieu siempre aseguraron que el cultivo del viñedo en China, salvo en la zona de Shandong en el este y algunos pequeños microclimas, es poco menos que imposible como consecuencia del excesivo frío del Norte y las cálidas temperaturas del sur, amén de otros fenómenos meteorológicos como fuertes y frecuentes tormentas y huracanes.

No obstante, durante nuestra corta estancia en China hemos tenido la suerte de visitar algunos viñedos, especialmente los más cercanos a Pekín y su área de influencia, en la que hemos podido constatar, con suerte dispar, la calidad de los vinos chinos. Excelentes todos aquellos de castas internacionales, especialmente chardonnay o cabernet sauvignon, que superaban los 70 euros la botella. Y con una calidad más limitada todos aquellos cuyo precio se sitúa en el entorno de los 10-15 euros, con alguna excepción para grandes empresas como Changyu, perteneciente al mismo grupo que Marqués del Atrio en La Rioja, o Dragon Seal, una empresa histórica con bastantes nexos con la enología francesa.

Changyu, nacida en Yantai en 1892 de mano del diplomático Chang Bishi, es el cuarto grupo vitivinícola del mundo con propiedades en Francia, España, Australia y Chile. En China cuentan con más de 20.000 hectáreas de viñedos, comercializan más de 500 millones de botellas y acaparan el 50% del mercado del gigante asiático. En su bodega de Yantai, propiedad en parte del grupo Walt Disney que cuenta con un parque temático denominado ciudad del vino, ejercen su labor 181 enólogos llegados de todo el mundo. Sus marcas Noble Dragon de cabernet gernischt (nombre que se dio hace largo tiempo en China a una uva que ha resultado ser la carmenère de Burdeos y también de Chile), cabernet sauvignon y merlot, además del blanco de riesling, son vinos de orientación comercial que pueden encontrarse en Europa. Pero, sin duda, su gran vino es un monovarietal de cabernet gernischt que apenas sale del mercado chino, ya que su precio se sitúa por encima de los 60 euros.

Dragon Seal es otra de las grandes bodegas chinas del área. Nació en 1910 con el emperador Xuantong de la dinastía Qing en el poder y se ubica a 150 kilómetros de la capital en Huailai, una zona que cuenta con temperaturas que oscilan entre los 7-8 bajo cero del invierno y los 24-25 grados del verano y una humedad que no sobrepasa en el peor de los casos el 70%. Nació por iniciativa de la iglesia católica francesa y se introdujo primero en el mundo de la cerveza. Bien conocido por sus vinos de corte comercial de cabernet sauvignon y chardonnay, además de espumosos, es una de las bodegas más presentes en la hostelería, algo parecido a lo que ocurre con Dynasty, empresa de colaboración chino-francesa gracias al impulso de Rémy Martin en la provincia de Tianjin.

Al calor del impulso que el vino está tomando en China, y también en los alrededores de Pekín, están despuntado algunas bodegas con una clarísima apuesta por vinos de calidad de gusto occidental. Es el caso de Château Nuage, con unas instalaciones que aún desprenden olor a nuevas, y que elaboran vinos interesantes como un pinot noir, con un 20% de merlot, con el nombre de la empresa por bandera. Y su mezcla de variedades tintas, con predominio de la cabernet sauvignon, denominado Colección Maestros del Vino Tinto. La bodega se ubica en Yanqing-Huailai River Valley.

Aún mejor es el Canaan Réserve Cabernet Sauvignon o su Merlot-Cabernet en la mejor línea de los vinos internacionales de estas castas universales. La bodega, también en Huailai, en la provincia de Hebei, cuenta con 1.000 hectáreas de viñedo y sobresale claramente sobre las demás. Igual que su chardonnay con barrica, el mejor ejemplo de cuantos probamos. Pero en ambos casos sus precios se sitúan en el entorno de los 100 euros la botella.

China importó durante 2017, según datos del Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV), 7,5 millones de hectolitros por valor de 2.458 millones de euros, mientras sus exportaciones apenas superaron los tres millones de euros. El consumo per cápita ha crecido en los últimos años de uno a 1,5 litros por persona y año, lo que eleva el consumo total a 18 millones de hectolitros, cantidad que casi dobla los 10,3 millones de hectolitros del consumo español, según datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Las mayores compras chinas corresponden a vino embotellado con 5,54 millones de hectolitros por importe de 2.160 millones de euros; mientras las importaciones de granel, que se incrementan notablemente, se sitúan en 1,84 millones de hectolitros por valor de 142 millones de euros. El resto correspondería a vinos espumosos, incluido el champán.

China continúa siendo, y lo será probablemente en el futuro, un importante comprador de vino, aunque merece la pena seguir de cerca las evoluciones de algunas de sus bodegas y la mejora en la elaboración de algunas de sus castas autóctonas como ojo de dragón, beimei, longyan o shuanghong. Aunque la variedad kyoho es utilizada generalmente como uva de mesa, también se comienza a vinificar con cierto éxito y lo mismo ocurre con la huitai, con la que se elaboran vinos de hielo.

Fuente: http://www.elmundo.es/metropoli/elmundovino/2018/09/11/5b98379846163f87b48b460a.html


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