02/08/2018

Informe Supervielle

Se reconfigura el negocio del vino argentino: estrategias frente a la adversidad

Según el Informe Trimestral de la División Vinos del Banco Supervielle, las estrategias empresarias están guiadas por una misión y una visión, pero tres variables fundamentales son su soporte: rentabilidad, riesgo y liquidez de sus proyectos o iniciativas. El negocio del vino es de largo plazo al implicar considerable inmovilización de fondos en activos fijos de larga maduración. Con situaciones como la actual de elevada incertidumbre o de altas tasas de interés de corto plazo, las empresas hacen esfuerzos importantes por optimizar al máximo sus activos corrientes.

Javier Merino
jmerino@areadelvino.com



En Argentina, los riesgos a que se ven sometidas las decisiones empresarias son muy elevados. Prueba de ello es la tasa de riesgo país que en la última década osciló desde niveles relativamente bajos a muy elevados. Con el cambio de gobierno descendió, en respuesta a los arreglos de la deuda y un mejor ambiente de negocios, aunque la última corrida cambiaria lo elevó en dos meses desde 4.100 puntos básicos hasta 5.700. Esto implicó que automáticamente cualquier inversión pasó a evaluarse, por lo menos, con una prima por riesgo de 5,7% por encima de la tasa que se le exigiría en países seguros.

En cuanto a la rentabilidad., a pesar de que los empresarios vitivinicolas locales puedan lograr productividades físicas similares e inclusive precios competitivos para los productos, existen en Argentina una serie de costos influidos por regulaciones e ineficiencias sobre las cuales poco o nada se puede hacer. Costos logísticos o regulaciones del mercado laboral son una clara muestra de ello. A eso se agrega una carga impositiva sustancialmente más elevada que la de otros países competidores vitivinícolas.

El costo financiero juega un papel central en el sector, especialmente en la financiación del capital de trabajo. Consecuencia de la corrida cambiaria reciente, la politica monetaria del Banco Central se endureció y utiliza como principal herramienta la tasa de interés para contener dólar y precios. El costo del crédito que llega a personas y empresas subió considerablemene en términos nominales. En junio el promedio fue de casi 42%, un salto de 12% en un par de meses. Ajustada por inflación la tasa real de interés de préstamos bancarios a 90 días de los últimos doce meses resultó del 4,6% anual y ajustada por el precio del vino, del 38%. Esto plantea un límite muy serio a la expansión del negocio aunque existan oportunidades para hacerlo.

La disminución de inversión en activos fijos es una de las consecuencias más nocivas que ha vivido el sector en los últimos años. La rentabilidad de largo plazo es fácil observarla por la disposición a invertir en activos fijos. Desde 1990 se han plantado 139 mil hectáreas de viñedos en Argentina con una inversión de algo más de 4 mil millones de dólares. Pero este proceso se frenó. En 2010, cuando comienzan las sombras en la vitivinicultura argentina, se plantaron más de 8 mil hectareas mientras que en 2017 sólo se plantaron algo más de 1.600 hectáreas.

Del mismo modo que la industria disminuyó sus niveles de inversión de largo plazo también bajó su inmovilización de inventarios, aunque en este caso no sólo como resultado de programas de eficiencia, sino también por menores niveles de ventas. La inversión total estimada en bienes de cambio para 2017 fue de algo más de 1.000 millones de dólares mientras que cinco años atrás superaba los 1.300 millones.

Así, las estrategias empresarias en la vitivinicultura argentina de los últimos años han privilegiado trabajar en espacios donde la combinación de rentabilidad, riesgo y liquidez sea la más adecuada para un agresivo ambiente de negocios por su elevada volatilidad. Por ello, varios decisiones van en esa dirección como: un menor ritmo de inversión en activos fijos, la disminución de inventarios, concentración de esfuerzos productivos y comerciales en líneas de productos más rentables, tercerización de actividades que no correspondan al corazón del negocio, búsqueda de regiones más aptas para la producción vitícola, enfoque en variedades más demandadas, refuerzo de mercados atractivos, entre otras.

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Javier Merino
jmerino@areadelvino.com

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Un contexto adverso y posibles impactos en el sector

En apenas dos meses hubo un cambio rotundo de variables y expectativas macroeconómicas cuya consecuencia inmediata para las empresas fue recalcular sus proyecciones de corto y largo plazo, así como revisar presupuestos y decisiones tomadas a principios de año. En función de las estimaciones macroeconómicas que hoy se pueden hacer para lo que queda de 2018 es posible hacer algunas previsiones que deberán ser monitoreadas con suma atención:
•    En exportación se puede esperar un aumento de la facturación en relación a 2017 del orden del 11% en moneda constante.
•    En el caso del mercado interno de vino embotellado habrá una casi con seguridad habrá una caída importante de la facturación puede estar en línea con la caída del salario real. Es posible que 2018 termine con ventas menores al 3% en relación a 2017.
•    Para los vinos básicos el panorama no sólo depende de la caída del salario real. Es posible que haya cierto estancamiento o algo de recuperación en la facturación total como una combinación de menores precios reales y algo de aumento de volúmenes según las políticas de precios de su sustituto más cercano: la cerveza. A esto se puede sumar algo de trade down desde categorías de precios más elevadas. Una estimación conservadora podría ubicar la facturación en valores similares a los del año anterior y una pesimista por debajo.
•    Así, la facturación total, como combinación de estas proyecciones podría terminar igual o hasta un 1% por encima de la de 2017, lo cual significaría el primer cambio de signo de los últimos cinco años y consecuencia directa del impacto de la devaluación en las exportaciones de vinos fraccionados.
•    Sin embargo, la rentabilidad del sector fraccionador podría tener un aumento pues las bodegas están en presencia de menores costos de abastecimiento de materias primas y una reducción de costos laborales a causa de la inflación.
•    Este panorama no es igual para todas las empresas del sector y el agregado no refleja la realidad de una gran diversidad de empresas de tamaños y modelos de negocios distintos.

 

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