21/06/2018

Meritxell Falgueras - Sommelier

"El mundo del vino aún es tremendamente machista"

Cansada de las catas más ortodoxas, hace años que la sumiller Meritxell Falgueras busca su propia manera de explicar los vinos para hacerlos fáciles y entretenidos. La abstemia durante sus dos embarazos, después de sufrir varios abortos, el problema de alcoholismo de un gran amigo y el cáncer de un familiar, la llevaron a interesarse por escribir sobre las bebidas alternativas al alcohol para acompañar una buena comida.




Un trabajo que recogió en un libro, Qué beber cuando no bebes (Urano), que recientemente le ha valido uno de los premios World Cookbook Award. Pero también muchas críticas dentro de su propio sector en el que, según dice, no beber está mal visto. En esta entrevista Falgueras, que creció en la tienda de sus padres, El Celler de Gelida, en el barcelonés barrio de Sants, habla de ese mundo del vino en el que, lamenta, algunas cosas avanzan demasiado despacio y sigue habiendo altas dosis de machismo.

– Es extraño que una sumiller hable de alcoholismo. ¿Se oculta ese problema y hay más alcoholismo del que imaginamos en el ámbito de la gastronomía?

– Sí. Todos los que estamos en este sector hemos visto cómo degenera muchas veces una cata o una cena. Yo tenía ganas de poner un toque de atención en eso. No somos ángeles. Yo tampoco lo soy. Pero al ser una mujer he pasado muy malos momentos. No ahora que todo el mundo habla del “Me too”, que hay tantas mujeres sumilleres y todo es tan progre.

– ¿A qué se refiere?

– Cuando empecé con 18 años, si estaba un poco despistada corría peligro. En el mundo del vino había muchos más tíos borrachos que ahora. Yo si estaba con mis amigos y un día me quería pasar lo hacía. Pero jamás en el entorno profesional: aunque fuera el vino más bueno, después de probar lo escupía porque siempre he tenido que estar muy alerta. Soy rubia, me gusta mucho gustar, soy presumida y a la mínima que me he relajado y he hecho cachondeo me he llevado algún disgusto. Por eso siempre he tenido que ser muy prudente. Siendo joven y mujer lo he pasado fatal.

Los sumilleres no somos ángeles. Yo tampoco lo soy. Pero al ser una mujer he pasado muy malos momentos”

– Ha dicho que le gusta gustar.

– Soy presumida, sí, me gusta gustar, ser el centro de atención. No lo escondo. Es mi personalidad. No soporto la gente que va de una cosa que no es. Yo al final lo acepto y me río de mi misma. Desde pequeña tenía que ser la que hacía la redacción más chula. Cuando llegaba Sant Jordi y la gente firmaba libros me desesperaba y le decía a mi madre, ¿por qué no estoy yo ahí?. Ahora me he relajado en la vida y estoy contenta porque voy cumpliendo sueños.

– ¿Qué soñaba de niña?

– Era de las que quería encontrar al hombre de mi vida. Escribí en la carta a los Reyes que quería un hombre que se llamara Lorenzo, con los ojos azules y que tuviera viñedos en la Toscana. Y cuando encontré a ese hombre, con el que estoy casada, bromeaba diciéndole que es mi creación, porque es el mismo con el que soñaba. Tengo muy claro lo que quiero, lo deseo mucho y hago para que suceda. A veces cuando las cosas no me pasan pienso, ya me pasarán.

Soy presumida, sí, me gusta gustar, ser el centro de atención. No lo escondo. Es mi personalidad”

– Proyecta usted una imagen frívola.

– Sí, pero es que yo también soy así. Puedes ser frívola y profunda a la vez. Como en el eterno retorno de Nietzsche al final se toca lo más profundo y lo más superficial. Cuando empecé en el mundo del vino, ahora lo veo al revisar las fotos del Nariz de Oro, me oscurecí el pelo, iba con trajes chaqueta, intentaba ser seria, más masculina. Mi madre me dijo que tenía que ser auténtica, no ocultar esa feminidad y ser yo misma. Y volví a ponerme mis vestidos y a ser como soy: risueña, simpática. Y descubrí que eso algunos hombres lo pueden malinterpretar. Pero con la edad ya los ves venir. Ya no es como a los18 años, en que tenías miedo e inseguridad. Ya te da igual. Es verdad que he proyectado cierta imagen frívola pero no quiere decir que no tenga conocimiento del mundo del vino o una carrera de Humanidades. Y llevo muchos años escribiendo o apareciendo en televisión divulgando el vino.

– ¿Está desengañada de su propio sector?

– Toda la imagen joven y más femenina que había querido transmitir a la hora de divulgar recibió muchas críticas. Si estás bien, esas críticas no te afectan, pero si estás en baja forma, como era mi caso, me sentía ninguneada en el mundo del vino. Daba igual que me estuviera sacando el diploma WSET en la London Wine& Spirits School y los premios que ganase: era la hija del Falgueras, de lo que estoy orgullosísima, pero sobre todo era “esa payasa rubia; la tonta esa”.

Cuando empecé en el mundo del vino, ahora lo veo al revisar las fotos del Nariz de Oro, me oscurecí el pelo, iba con trajes chaqueta, intentaba ser seria, más masculina”

– ¿Les molesta a sus colegas que hable de la parte fea del alcohol?

– El otro día al saber de la muerte del chef y escritor Anthony Bourdain pensé “¿cuándo se hablará aquí de esto?”. Ahora estamos en un momento de reivindicar, de confesar, pero es verdad que aún hay mucho tabú. Irán todos a por quien hable primero. Nadie está libre. Son horarios muy duros, los de la hostelería. Estamos siempre por ahí y parece que si no estás bebiendo una copa de vino quedas fuera. Es muy difícil en el mundo en que nos movemos, con vinos buenísimos, platazos con los que se supone que hay que beber; las noches, las fiestas... Pero vas sumando y te dices, ¿qué días bebo y qué días no bebo?

– Pero el vino es parte de nuestra cultura.

– El vino es cultura mediterránea y mi familia se dedica a esto. No sabe lo duro que fue cuando yo dije que escribía un libro para quienes no beben alcohol. Mi marido viene de la saga más importante de vinos italianos. Yo me he criado entre vinos y a mi padre siempre le he oído hablar de sus excelencias. Y es verdad que es cultura y es arte pero es como el mito de Dionisio: la moneda tiene dos caras. ¿Qué el vino no es el vodka? De acuerdo, pero hay gente que ha tenido muchos problemas por el alcohol. Yo me he dedicado y seguramente me dedicaré toda mi vida a defender el vino. Pero necesitaba escribir este libro.

Ahora estamos en un momento de reivindicar, de confesar, pero es verdad que aún hay mucho tabú. Irán todos a por quien hable primero. Nadie está libre”

– ¿El detonante fue el problema de alcoholismo de un amigo cocinero?

– Él estaba ingresado y asistí a una terapia de alcohólicos con los familiares. Me sentía fatal. Me avergonzaba de mi propio trabajo porque veía a muchas familias destrozadas. Recuerdo el caso de una farmacéutica que lo tenía todo; a amas de casa…

– ¿Nunca ha tenido ese problema, usted?

– No, nunca cruzo los límites porque en ese sentido soy un poco repelente. No me gusta colarme en el metro, me dan miedo las drogas porque son ilegales. Siempre he de estudiar y si me paso y un día bebo más de la cuenta al día siguiente madrugo igual y me arrepiento durante semanas. Cuando estaba en aquella terapia no podía dejar de pensar en los programas de tele en los que participo o en los artículos que escribo, recomendando los encantos de los vinos para despertar el deseo de la gente.

Nunca cruzo los límites porque en ese sentido soy un poco repelente. No me gusta colarme en el metro, me dan miedo las drogas porque son ilegales”

– ¿Fue una crisis personal?

– Al principio de dedicarme a esto sentía que tenía una tarea importante; pensaba que podría conseguir acercar a los jóvenes el mundo de los vinos y hacer que no fuera algo elitista. Pero cuando llegué a aquel lugar con los familiares de los alcohólicos algo se derrumbó. Éste ha tenido un accidente, ésta ha roto una familia por el alcohol, mi amigo estaba mal y yo ni siquiera era consciente de cómo había podido llegar hasta allí sin que me hubiese dado cuenta, porque lo veía los fines de semana y pensaba que era normal. Todos nos pasamos a veces con el gintónic. Y entré en una crisis de identidad. Me preguntaba qué estaba haciendo invitando desde los medios a probar esos vinos maravillosos.

– Pero el vino es parte de nuestra despensa.

– Mire, comprar droga cuesta porque es ilegal pero tú vas a un bar a tomar un café y lo primero que ves es alcohol. Quedas con un amigo y lo primero que haces es tomar una cerveza. Y sales por la noche y si no tomas un gintónic parece que no estás a gusto. Incluso cuando no quieres beber resulta que has consumido ya no sé cuánto alcohol. Cuando estaba embarazada y tomaba agua en buenos restaurantes, siempre había quien te decía que una copa de vino no hace daño al bebé, “Porque mi madre, porque mi mujer, porque mi hermana…”. Yo que lo que más deseaba era ser madre y a pesar de cuidarme había tenido varios abortos, no tenía ningunas ganas de arriesgar nada. Mis embarazos, el cáncer de un familiar, el caso de mi amigo hicieron que tuviera muy claro que quería escribir para quien no bebe y no fue fácil encontrar editorial.

Todos nos pasamos a veces con el gintónic. Y entré en una crisis de identidad. Me preguntaba qué estaba haciendo invitando desde los medios a probar esos vinos maravillosos”

– ¿Cómo habría que combatir el botellón entre los más jóvenes?

– La gente no pasa de la Coca Cola a tomarse un Montsant. Todos hemos pasado por Viña Esmeralda, Moscato D’Asti…es como el café, antes de tomarlo solo yo lo hacía con mucha leche y mucho azúcar…A los amargos cuesta acostumbrase pero si a un niño sólo le das cosas como agua o Coca Cola, del nada al todo, no es la manera. Dale infusiones, aguas con gustos, que no cuesta nada preparar con maceraciones. Nos quejamos de que enseguida entran con los destilados; le ponen a la Coca Cola Vodka y les gusta y además les coloca. No les hemos ensañado a saborear. Lo que nos gusta del vino es mover la copa, oler, pensar, imaginar. Y eso se puede hacer con tés, cafés. ¿Verdad que no es lo mismo zamparse algo de fast food que saborear una buena comida?.Todo eso es educación sensorial y así habría que entrar en la gastronomía, de la que el vino es parte.

– Cada vez se habla más de vino pero se consume menos.

– Las cosas están cambiando. A los milenials les gustan los productos premium y están dispuestos a pagar más por lo eco. A ellos les encanta mostrar sus experiencias en Instagram y se van a viñedos y los enseñan. En parte gracias a ellos ahora nos parecemos un poco a EE.UU. hace años, cuando estaba de moda el vino. Es verdad que bebemos menos pero de mucha más calidad y la gente ya no pide cualquier vino, como aún ocurre con el café y el té. Ahora ya no puedes pedir un blanco o un tinto sino que hablas de variedades. Y eso mola mucho. Yo veo ahora un buen momento. He estado fuera unos cinco años, con un pie aquí y otro en Italia. Pero vuelvo con una sensación de mucho más nivel.

Es verdad que bebemos menos pero de mucha más calidad y la gente ya no pide cualquier vino, como aún ocurre con el café y el té”

– ¿Ganarán terreno los vinos con menos graduación alcohólica?

– Si me pregunta mi opinión sobre los vinos sin alcohol le diré que es muy buena, algo que no dirá ningún sumiller, porque no lo considerarán vino. Pero quédate embarazada y pasa nueve meses dando la teta y ya verás si agradeces poder tomar algo con un poco de glamour, fresco, en copa. La gente odia las cosas nuevas en el mundo del vino. En cualquier caso no se trata tanto de bajar el grado de alcohol como de medir la cantidad de vino que tomas. El otro día disfruté de uno de los mejores maridajes en los últimos años. Fue en el restaurante Miramar, de Paco Pérez, con el sumiller Toni Gata. Cómo se nota cuando un cocinero y un sumiller llevan tantos años juntos, evolucionando. Es como un matrimonio. Me pareció espectacular. Ya puedes beber vinos pero lo haces degustando, disfrutando, y al día siguiente estás perfecto.

– ¿Los cocineros entienden de vinos?

– Sí, yo conozco muchos a los que les interesan de verdad, como cada vez veo a más sumilleres a los que nos interesa la cocina.

– ¿Le gusta la cerveza?

– Mucho, porque es libertad. El vino es la sabiduría máxima. Pero no soporto que cuando digo que me encanta la birra me tilden de traidora del mundo del vino. No puedo con eso de que o eres de vino o no lo eres. No hay nadie más casada con el vino que yo, pero se trata de un producto que ya es bueno por sí solo y no le hace falta que lo ensalcemos como si fuera el pobre de la película. No seamos falsos.

El vino es la sabiduría máxima. Pero no soporto que cuando digo que me encanta la birra me tilden de traidora del mundo del vino”

– ¿Es el gran momento de la cerveza?

– Siempre ha sido tiempo de cerveza. Es ese primer sorbo lo que te vuelve loca.

– ¿Se hacen disparates con algunas cervezas artesanas?

– Hay cervezas buenas y malas, es como los vinos naturales o biodinámicos. ¿Todos los biodinámicos son buenos? No. Como observadora me interesa. Este verano quiero escribir una novela sobre los tipos de vino que han ido teniendo su momento. Pienso en los merlots, o en los vinos que se vendían en Navidad cuando yo envolvía en la tienda; en la moda de los vinos naturales… y quiero contar lo que ha pasado y cómo ha evolucionado la mujer en el mundo del vino. Tengo muchas ganas de contarlo.

– ¿Y algo que denunciar?

– Supongo que lo haré en la novela porque han pasado tantos años que ya puedo esperar. Nada que vaya a sorprender demasiado. Actuaciones que antes se veían como normales. Es ahora que tenemos otra visión cuando nos preguntamos cómo podías estar aguantando esas cosas.

Quiero contar lo que ha pasado y cómo ha evolucionado la mujer en el mundo del vino”

– Usted ha dicho que le gusta gustar y que eso se malinterpreta.

– Totalmente. Y antes había esa mentalidad que ahora se está cambiando. Antes no se entendía el no es no. Nuestras madres han aguantado unas cosas, nosotras otras y nuestras hijas no aguantarán nada. Porque se acabó. Es una evolución y nosotras estamos en medio: sabemos que no tenemos que aguantar pero aún hay un poso. Yo he estado tanto en el mundo del vino como en el del periodismo y creo que en el primero ha ido todo mucho más despacio. Ahora me encanta que las cosas vayan cambiando, que esté lleno de personas válidas, muchas de ellas mujeres, pero queda mucho por hacer.

– El 8 de marzo publicó en su Instagram un texto en el que señalaba acoso sexual en su sector.

– Cuando digo que el mundo del vino es machista algunas amigas me dicen: “No digas eso, que ha costado mucho llegar hasta aquí”. En aquel texto explicaba que empecé con 18 años el curso de sumiller cuando aún éramos pocas mujeres. Y quería ser más masculina hasta que pude comprobar que se me criticaba igual. Me dirigía a ese “maestro del vino”, que con la excusa de que no ha escupido lo que sólo tenía que degustar se atreve a meter mano, acosar e incomodar. Al que te acusa con alusiones sexuales en las redes sociales por tu aspecto, por cómo vistes, por tu estilo de vida, ante el silencio del sector.

Cuando digo que el mundo del vino es machista algunas amigas me dicen: “No digas eso, que ha costado mucho llegar hasta aquí”

– Tuvo un problema de insultos machistas en las redes.

– Alguien escribió barbaridades sobre mí relacionadas con el sexo en Facebook sin que nadie del sector respondiera. No esperaba una reacción porque yo les caiga bien o mal sino porque no se puede decir eso a una mujer. Nada. No respondieron nada. Fueron diez días diciendo disparates y nadie dijo nada. Hubo más de 400 comentarios.

– No lo ha denunciado.

– No, ese hombre quería que yo protestara para ganar repercusión. Fue a raíz de que mi libro estaba nominado para el World Cookbook Award . No quería ni ir a China a recoger el premio. Que la gente no me diga que el mundo del vino está súper bien. Las mujeres no podemos tomar copas en el trabajo para que no se malinterprete. No se nos permite salir un rato de un examen larguísimo cuando tus tetas estén explotando por la lactancia materna. En aquel texto que publiqué en Instagram me dirigía también a quienes llaman en medio de una noche a tu habitación de hotel cuando vas con tu padre, pareja o hermano. Y a las bodegueras a las que les siguen pidiendo hablar con su jefe o a las expertas que acaban limpiando copas por mucho que sepan de enología.

Alguien escribió barbaridades sobre mí relacionadas con el sexo en Facebook sin que nadie del sector respondiera”

– ¿Nadie le ha apoyado en su sector?

– Josep Roca, Ferran Centelles en todo momento y también el periodista Ramón Francàs. Josep me citó hace poco entre los mejores sumilleres; sé que no lo soy pero se lo agradezco si sirve para que alguno me vea como algo más que una persona que pulula y sale en la tele. Señores, que yo hable de un modo sencillo no quiere decir que no sepa. Ahora la vida para mí es mucho más que vino y me gusta verlo desde otros prismas. Tengo 37 años pero llevo la mitad de la vida haciendo esto todo el tiempo. Aún queda mucha chusma en este mundillo.

– ¿Cree que está justificado que un vino cueste 2000 euros?

– No, o por lo menos no son los que a mí me atraen. En la tienda siempre hemos evitado esos vinos carísimos porque buscábamos los clientes que vinieran para quedarse, no el pelotazo. Aunque hay vinos que son obras de arte, verdaderas piezas únicas.

– ¿Hay algún vino claramente sobrevalorado?

– Sí. Son vinos sobre los que no escribo. Pero los hay. Es verdad que yo suelo hablar de vinos de entre 15-20 euros. Si no, me ha de gustar mucho.

Tengo 37 años pero llevo la mitad de la vida haciendo esto todo el tiempo. Aún queda mucha chusma en este mundillo”

– ¿Hay alguno por el que estaría dispuesta a pagar una fortuna?

– No; tengo la suerte de que ya los he bebido, para catar. Me encanta Burdeos, he estudiado allí, iba antes dos veces al año. Me entusiasman los grandes vinos de aquella zona pero ya los he probado. Antes diré “tengo ganas de burbujas rosadas y echar unas risas” que buscar esos fetiches porque para mí no lo son.

– ¿Pero sigue emocionándose ante un vino?

– Por supuesto. Y me gusta mucho cuando los alumnos prueban, cuando les hago la cata a ciegas y cuando les pregunto cuánto pagarían por ese vino. Cuando por ejemplo les abro un Vega Sicilia y a lo mejor les gusta más un Pintia, de una gama inferior al top. Yo en esas catas siempre escupo. Los vinos los disfruto en la terraza con los amigos. Y no suelo darles explicaciones.

Yo suelo hablar de vinos de entre 15-20 euros. Si no, me ha de gustar mucho”

– ¿La mujer tiene una percepción distinta a la hora de catar?

– Los hombres tienen el cerebro más grande y las mujeres lo tenemos más intercomunicado. Las mujeres podemos poner etiquetas a las emociones y los hombres no tanto. No me gustan los sumilleres triunfitos que ganan concursos, que quieren saber las cosas que ya pone en la etiqueta. Lo bonito es explicar el vino y en eso somos mejores las mujeres porque necesitamos expresarnos. A mí poder hablar de vino me ha salvado la vida porque si no hablo exploto. Cuando estaba en Italia viviendo en medio de los viñedos me volvía loca escribiendo porque estaba sola y necesitaba expresarme.

– ¿Le pesa más lo positivo o lo negativo del mundo del vino?

– A mí el vino me lo ha dado todo, me ha dado mi pareja, mis mejores amigos; gracias al vino he podido hacer lo que más me gusta que es escribir y hablar. Todo se lo debo pero es verdad que he tenido una crisis. No quiero que me insulten. No puedo con la envidia y la tontería. Y me alegro de no tener ni tiempo ni ganas de entrar en ese juego. Por criticar no critico negativamente ni los vinos, algo que también me recriminan. Pero yo prefiero simplemente no recomendar lo que no me gusta. No estoy hecha para machacar. Debo ser una happy flower. ¿Y qué?

Fuente: http://www.lavanguardia.com/comer/de-carne-hueso/20180617/45119719781/meritxell-falgueras-sumiller-machismo.html


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