21/05/2018

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Etiquetas de vino: Cuando la primera impresión es la que cuenta

Más allá de las tendencias mundiales en el diseño de marcas y etiquetas para el vino, componer una de estas piezas tiene mucho de saber contar una historia que conmueva y atrape al consumidor, quien es en definitiva el que comprará el vino.




Así como el nombre y la  documentación hacen de cada uno de nosotros irrepetibles ante la sociedad, la etiqueta hace de un vino embotellado su carta de presentación, es aquella en donde está impreso su nombre y sus características más notorias, esas que lo hacen diferente de otro vino. Pero además de tener parámetros legales, el diseño de la etiqueta condiciona, en muchos casos, la elección por parte del consumidor.

¿Qué elegimos, cuando elegimos un vino? En el general de los casos y sin entrar en subjetividades llevamos lo que informa la etiqueta: el nombre del vino, la variedad con la que se elaboró, el año de cosecha de las uvas, quién lo elaboró, la graduación alcohólica, la capacidad de la botella,  la sigla y número de registro del embotellador oficiales, el nombre y dirección de la bodega, la región donde fue elaborado y el país. Son datos que al leer una etiqueta no debemos dejar pasar por alto. Eso está claro y es quizás la única información que dispone el consumidor, en muchos casos,  frente  a la góndola, si hablamos en términos competitivos, es el arma comercial que tiene la bodega para dar a conocer su producto frente a los  miles de competidores. Y en escasos segundo establecer una relación entre el vino y el potencial consumidor.

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Ahora, en el sentido más sensitivo, una etiqueta puede decirnos muchas cosas, y hasta contarnos una historia que nos permita sucumbir ante la tentación de elegir un vino por sobre otro.

En este sentido, es que en Argentina, y puntualmente en Mendoza, el diseño de marca y por consiguiente de etiquetas vino, fija una tendencia que es apreciada a nivel mundial.

Para  “Gato” Ficcardi, uno de los más notorios diseñadores mendocinos de marcas de vino y etiquetas y referente mundial de la actividad,  la historia de las etiquetas de los vinos argentinos está marcada por las la influencia de Francia e Italia quienes desde hace 300 años ya establecieron un rumbo de la industria. A partir de fines de los 70s y principios de los 80s comenzó el gran auge del nuevo mundo, con etiquetas de USA, luego siguieron el camino otros países como, Australia, Nueva Zelanda, Argentina y Chile.

De esta manera, y con el auge de la apertura de mercado internacional para los vinos argentinos, es que se fueron gestando oportunidades y al mismo tiempo desafíos de competir mano a mano con otros vinos del mundo y paralelamente con otras etiquetas del mundo.

 

Foto: De Marchi Impresores

 

Pero qué es una etiqueta en sí más allá de un mero formalismo con datos, que si bien no dejan de ser claves e importantes, en ocasiones pasan a segundo término ante la creatividad de un buen diseño.

“Una etiqueta es la oportunidad de comunicar el espíritu del vino desde un lugar o desde  la marca, y a la vez una forma de seducir poéticamente a quien está buscando en un vino satisfacer una necesidad de disfrute. Se dice habitualmente que la primera botella la vende la etiqueta y la segunda  la vende el vino. Creo que el impacto visual que tiene una etiqueta  sobre todo en representar lo que uno quiere poner en una mesa es importantísimo. Nos ha pasado muchas veces que con solo el rediseño de una etiqueta ha hecho que se multipliquen las ventas por muchas veces”, asegura José Bahamonde, reconocido creativo y diseñador de marca de la industria.

Trabajo de Boldrini & Ficardi

“Es  un espacio lúdico de no más de 14 por 10 centímetros donde suceden tantas cosas como las que podrían pasar en un día de cosecha, se mezclan los deseos del enólogo, la creatividad del diseñador y la interpretación del público, es maravilloso. La imagen del vino tiene un papel fundamental. Yo creo que el diseño es casi tan importante cómo lo qué hay dentro de la botella. Tal vez el diseño en este caso puntual no sea la principal motivación de compra, sin embargo el 90% de las bodegas deciden renovarse cada tanto y eso te indica el interés por llegar al consumidor con una imagen más actual”, apunta Julieta Carbonari, diseñadora para bodegas con trabajos en el país y en el exterior.

Etiqueta de Julieta Carbonari

Por otra parte, así como hay enólogos que aseguran que el vino debe transmitir una historia, la etiqueta, en muchos casos propone eso. “El diseño sin concepto es sólo decoración”, apunta Carolina Saguán, otra de las reconocidas y demandas diseñadoras de etiquetas de Mendoza que también desarrolla su actividad en bodegas de Chile, y agrega: “Cuando el diseño cuenta una historia, la del vino,  es el proceso perfecto en el que la etiqueta se convierte en el primer contacto con el consumidor, con aquel que busca,  a través de colores, palabras, formas e imágenes, encontrar el vino perfecto para una ocasión determinada”. Es de esta manera que se abordan, y en el mundo del vino abundan, aquellos iconos que se van alineando para estimular, mediante la imagen al consumidor.

“La etiqueta cuenta lo que no puede contar el vino desde adentro de la botella, si está alineada con todos los demás elementos, el producto adquiere un carácter coherente y único”, argumenta Víctor “Pupo Boldrini”, otro de los gurú en esto del diseño de etiquetas y con una larga listas de clientes aquí y fuera del país. Por su parte, Julieta Carbonari, enfatiza: “Las etiquetas siempre cuentan una historia, real, fantástica o absurda siempre hay un porqué. El mundo del vino es genial”.

Diseño de José Bahamonde y Natalia Arenas

 

Por dónde va la tendencia

Siempre existen nuevas tendencias en el diseño en general y en el del mundo del vino en particular. Algunos diseñadores advierten que una tendencia hacia lo retro  o vintage  le ha venido muy bien a la imagen del vino que tiene ese dejo de tradicionalismo. Y Mendoza, en coincidencia con regiones vitivinícolas de países del nuevo mundo,  siempre impone tendencias nuevas e inclusive hay estudios que siempre marcan vanguardia a nivel mundial.

Por otra parte, el diseño de packaging para el sector de bebidas alcohólicas es sin dudas muy distinto de cualquier otro,  debido a la extrema competencia de cientos de miles de marcas y millones de productos.  Esto implica una súper especialización y conocimiento, ahí es donde la experiencia de cada diseñador es imprescindible.
“En un mundo cada vez más visual, la incidencia de la etiqueta es clave y se convierte en la protagonista crucial en el momento de decidir por un vino u otro. El 80 % del impulso de compra es responsabilidad del packaging”, asegura Ficcardi a modo de tendencia en general y para todos los productos no solo para el vino.

 

 

Generalmente las tendencias en el mundo de la imagen del vino la marcan los líderes del mercado, quienes deben renovar constantemente su diálogo con los consumidores. También están aquellos productores “rebeldes “que no se guían por lo que hace el resto y establecen nuevos códigos de comunicación.
Para Carolina Saguán,  Argentina está marcando tendencia en el diseño y admite que países como  los del viejo mundo (España, Italia y Francia) al igual que Chile siguen siendo bastante clásicos y tradicionales al momento de desarrollar un diseño. 

Por su parte, Carbonari aporta: “En la última  Vinexpo de Nueva York uno de los países que logro sorprenderme fue España no solo en imagen sino en el storytelling (historia)  que aplica en cada marca. Igual que otros países de Europa cuentan con una tecnología fabulosa en métodos de impresión lo que amplía el espectro creativo del diseñador”.
“Argentina siempre ha sido un marcador de tendencia en cuanto a la creatividad. En España hay zonas innovadores que se juegan  con etiquetas nuevas y en Francia también”, dice José Bahamonde. “Pero más allá de los países hoy lo que hay que buscar son conceptos de comunicación y de producto más que diseño, que nacen en el vino,  mirando al consumidor y el aporte de expertos del marketing  y la comunicación. Un error muy frecuente es encargar sus estrategias de marcas y sus conceptos comerciales a diseñadores que no están formados específicamente para eso. En nuestro caso  somos un equipo multidisciplinario”, agrega.

 

Fuente: Adhepel

Qué condiciona más el diseño de una etiqueta
El público, la variedad o el vino, la marca, la botella, los dueños de la bodega y hasta el protagonismo de un enólogo “star” pueden condicionar el diseño de una etiqueta. “Será lo que debas ser”, dice la frase y es por esto que muchas veces, más allá de ciertos compromisos, los diseñadores de marcas o de etiquetas aparecen como aquellos que canalizan el ansia de quienes encargan el producto.

“Agradezco que  los diseñadores cada vez nos condicionamos menos, tenemos mucha más libertad para crear por qué la gente está más abierta a cosas nuevas”, eso cree Carbonari a la hora de plasmar la idea sobre una etiqueta. Por su parte Ficcardi, también agrega un actor más “Todos los actores condicionan, cada uno más según el caso. Y no nos olvidemos del productor quien corre con todo el riesgo”.

Trabajo de Carolina Saguán

“Si tenemos  un enólogo rutilante quien tiene una forma de elaborar o mostrar una zona o una variedad en particular puede jugar un papel importante, a veces el rol de la bodega o de la familia que está detrás, a veces una variedad en particular. En cada vino aparecen un universo de factores que uno debe decodificar para crear un concepto que se vea reflejado en una etiqueta exitosa”.

“Es fundamental distinguir el mercado al cual va ese vino. Pero sobre todo el consumidor es el gran condicionante del diseño porque es a él a quien debemos llegar. Sin embargo no todo el mundo tiene la misma sensibilidad ante la etiqueta. El consumidor ocasional buscará elementos de referencia, términos, imágenes, logos, que le suenen familiares y le ofrezcan una mínima referencia de compra de calidad. Mientras, el verdadero aficionado tendrá una percepción especial que le hará buscar en el vino todo aquello que le ayude a ilusionarse con sus características y sorpresas que le puede dar al degustarlo”, desentraña Saguán.

Así las cosas, detrás de la etiqueta no solo hay datos, sino algo más, algo que tiene que ver con el estudio permanente de la industria y sus hacedores, del fino detalle de un grupo de profesionales pensando como seducir al consumidor y por sobre todas las cosas una historia que cuente fielmente lo que está dentro de cada botella. Una historia  que tratará de ser gratamente irresistible para que la decisión del que escoja esa botella se repita al menos una vez más.

Fuente: http://guarda14.com/index.php/article/view?slug=etiquetas-de-vino-los-creativos-que-marcan-tendencia


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Comentarios

ENRIQUE HERIBERTO 2018-05-24

Cuatro copas llenas!

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