08/11/2017

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El impuesto al vino es malo, pero en este momento es letal

Tres razones por las que ahora es el peor momento para sumar impuestos al vino.




Para cualquier actividad económica en cualquier contexto, la notica de un aumento en los impuestos que gravan sus productos le resulta un trago amargo difícil de digerir. Pero en el caso del vino, la sola posibilidad ha generado una estampida. Es que hay ingredientes que juntos han creado un cocktail explosivo y letal para la vitivinicultura.

 

Estas son las tres principales causas de por qué el impacto de una suba de impuestos para el vino ahora genera tanta preocupación y enciende todas las alertas:

 

1-Mercado interno dependiente.

 

El atraso cambiario generado por una tasa de inflación interna muy superior a la devaluación del peso, ha hecho que el sector exportador pierda competitividad y el vino mercados en el mundo. Solo en los primeros nueve meses del 2017, las exportaciones de vinos acumulan una caída del 6,8% interanual. Y eso que los meses de 2017 se comparan contra 2016, un año que ya había cerrado con una caída del 6,8% en el volumen exportado de vinos (3,37 millones de hl.) contra 2015, según datos del INV. 

 

El vino que no se exporta, las bodegas lo intentan vender en el mercado interno y a un consumidor en cierta forma cautivo. De ahí la importancia estratégica creciente que tiene el mercado interno argentino. Y vale este dato: entre enero y septiembre de 2017 las bodegas vendieron 8,38 millones de hl. De todo ese vino, se exportaron 1,69 millones de hl y todo el resto, 6,69 millones de hl, fueron a parar al mercado interno. Estamos hablando de que en 2017 el mercado interno representa y absorbe el 79,8% de todo el vino que se comercializa

 

2-Precios ya por las nubes.

 

El proyecto de Reforma Tributaria, de lo que se informó y conoce hasta ahora, propone gravar con impuestos a los vinos tranquilos y a los espumantes. El vino que hoy no paga impuestos pasaría a pagar 8% e iría subiendo hasta llegar a una alícuota del 17% de aquí a cinco años. En el caso de los espumantes, pasarían a pagar 17% ya desde el año próximo.

 

Un eventual suba de impuestos repercute en la estructura de costos de las bodegas, por lo que podría ser absorbido total o parcialmente o en algunos casos trasladado a precios. El problema puntual con el vino es que, a partir de una cosecha muy mala en 2016, empezó a faltar uva y los precios, que habían estado planchados los dos años anteriores debido a sobre oferta, se dispararon.

 

Según datos del Indec, en el relevamiento que hace para medir el Índice de Precios al Consumidor (IPC), el litro de vino de mesa o genérico aumentó su precio un 105,7% entre mayo de 2016 y septiembre de 2017. Pasó de $20,61 en mayo de 2016 a $42,39 el litro en septiembre de 2017. En sólo 16 meses el precio del vino para el consumidor se más que duplicó a nivel país, subiendo mucho más que la cerveza (sólo aumentó 37% en el mismo período) y las gaseosas (+62,5%).

 

El vino ya disparó sus precios sin que haya un impuesto mediante, por lo que hoy no hay margen para absorber este nuevo costo que se agregaría. Y trasladarlo a precios significa seguir perdiendo consumidores.

 

3-Consumo perforando su piso histórico.

 

Con septiembre como último mes relevado, las ventas al mercado interno de vinos volvieron a caer, esta vez un 7,6% anual, y acumulan una caída en nueve meses del 5,1%, según datos del INV.

 

El consumidor no ha podido convalidar la suba de precios que ha experimentado el vino, por lo que el consumo cayó y ya en agosto de este año Argentina perforó el piso de 20 litros por persona mayor de 20 años de consumo anual: 

En Twitter @Fede_Manrique

Fuente: http://www.sitioandino.com.ar/n/247894-el-impuesto-al-vino-es-malo-pero-en-este-momento-es-letal/


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