13/04/2017

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La paradoja del vino: caen el consumo y las exportaciones, pero crecen las inversiones

La industria cerró con una baja de casi 10% en la demanda en el mercado interno y con un estancamiento que ya lleva cinco años en las ventas al exterior, pero a pesar de estos indicadores negativos el sector sigue despertando el interés de jugadores locales e internacionales que confían en el potencial del negocio




Un consumo que se derrumbó en 2016. Exportaciones estancadas desde hace cinco años. Una multiplicación de bodegas con el cartelito de "en venta". Y la amenaza cada vez más real de la poderosa industria cervecera que ya no solo se contenta con quitarle a los consumidores de tetra brik en la base de la pirámide y ahora también salió a la caza del público más gourmet de la mano del boom de las cervezas artesanales. A simple vista, el panorama de la industria del vino está muy lejos del esplendor que mostraba hace diez años cuando se multiplicaban los anuncios de inversión en Mendoza y las exportaciones en ascenso del vino argentino amenazaban el liderazgo de Chile en la región.

Sin embargo y a contramano de estos indicadores negativos, el negocio sigue seduciendo a nuevos jugadores locales y extranjeros, y es uno de los pocos sectores que se puede jactar de haber acompañado al cambio de gobierno con inversiones millonarias y planes de expansión genuinos.

Para entender esta paradoja del vino hay que tener en cuenta siete claves que explican el presente de un sector en el que, citando a un ex presidente, se puede aventurar que "estamos mal pero vamos bien".

1 - Exportaciones en baja

El primer dato ineludible que enfrenta una industria que creció a fuerza de ganar nuevos mercados en el exterior es la pérdida de competitividad del vino argentino. Hace cinco años que las exportaciones están estancadas y en la industria aseguran que el retraso cambiario profundizó la tendencia. De acuerdo a los datos del Observatorio Vitivinícola, el sector cerró 2016 con ventas al exterior por US$ 825 millones, lo que representa una leve suba del 0,9% frente a 2015, mientras que en volumen se registró una caída de casi 3%, con casi 260 millones de litros comercializados fuera del país.

"En los últimos años la Argentina enfrentó una pérdida de competitividad muy grande, que hizo casi imposible seguir exportando vinos más económicos. Hoy las exportaciones argentinas parten de los 25 dólares (por caja de nueve litros) cuando hace unos años era de 16 dólares. En el medio, se resignó mucho volumen y desde 2008 y 2016 se perdieron 130 millones de litros que ya no se pueden colocar afuera", explicó Santiago Ribisich, gerente general de Trivento, la filial local del grupo chileno Concha y Toro.

2 - Seduciendo a los argentinos

Una consecuencia del estancamiento de las exportaciones es que cada vez más bodegas se vuelcan al mercado interno. El principal aliciente que ofrece vender en el país es que, a diferencia de lo que ocurre en EE.UU. o Europa, cuando sale a colocar su producción localmente una bodega puede actualizar sus precios siguiendo a la inflación y de esta manera no perder rentabilidad. "Hoy, el 95% de nuestra producción se está exportando pero ahora queremos crecer en el mercado interno apuntando principalmente al canal de restaurantes y bares", explica Anne Bousquet, dueña de la bodega mendocina Domaine Bousquet.

"En 2016 facturamos US$ 58 millones de los cuales US$ 45 millones correspondieron a exportaciones. A futuro creemos que lo ideal sería tener un balance más equilibrado entre exportaciones y mercado interno. Hoy en la Argentina somos un secreto a voces pero queremos dejar de ser solo un secreto", coinciden en Trivento.

El problema del renovado interés de las bodegas por el mercado interno es que el consumo local enfrenta una de sus peores crisis, con una baja en volumen de casi diez puntos (triplicando a la que sufrió la cerveza). "La principal razón de la caída del volumen es la baja en la producción que sufrió el mercado en el último año y que provocó un salto enorme en el precio de la uva de traslado, que en menos de doce meses pasó de los 6 pesos el kilo a 16 o 18 pesos. Lógicamente la suba en los costos se trasladó a los precios al público y los más afectados fueron los vinos de bajo precio que sufrieron las mayores subas en sus costos. En la medida en que la situación de la producción se normalice, el desafío para la industria será recuperar los volúmenes que perdió contra la cerveza", explica Alfredo Sáenz, director de la consultora Umami.

3 - Canales en guerra

A partir de la necesidad de las bodegas de canalizar una mayor porción de sus ventas en el mercado interno y de un consumo en baja se desató una verdadera guerra entre los canales comerciales. Y el mejor ejemplo es el papel cada vez más preponderante que tienen en la venta de vino los autoservicios chinos, que a gracias a su política de compra en efectivo reciben cada vez más mercadería no solo de parte de los distribuidores que tradicionalmente atendieron a este canal, sino también de restaurantes o las mismas bodegas, que están a la búsqueda de cash.

"Yo estoy en este negocio hace más de 25 años y nunca ví una pérdida de códigos como la que se vive hoy en materia comercial. No se respetan las zonas de distribución y hay un verdadero vale todo", explica Ariel Ansaldi, gerente de la distribuidora Ñuke Mapu.

"Hoy cuesta más tener reglas claras en el mercado, porque todos los canales están a la búsqueda de nuevas oportunidades y se perdió la diferenciación que existe en otros países, entre las marcas para el trade y las marcas para el mercado on premise (botella abierta, como restaurantes o bares)", asegura Santiago Galli, gerente de marketing de Bodegas Norton.

4 - Vuelven los importados

Otra consecuencia inevitable de la suba de los costos internos y el retraso cambiario que denuncian los bodegueros es que en una especie de revival de los 90, en el mercado interno vuelve la oferta importada.

Tímidamente, en las góndolas de los vinotecas porteñas empiezan a aparecer los Rioja españoles o botellas de sauvignon blanc de Nueva Zelanda. Sin embargo, la preocupación de los productores locales no pasa tanto por la alta gama sino más bien por lo que puede suceder en el segmento masivo. En Mendoza, los productores ya pusieron el grito en el cielo ante la decisión de varias bodegas de comenzar a importar vino a granel desde Chile, Sudáfrica o España para ser embotellado en el país. "El ingreso de vino de traslado de Chile u otros países no es un tema para alarmarse tanto porque responde a los faltantes de uva que hubo en el último tiempo y en la medida en que se recuperen los niveles de producción se va a reducir su impacto. Además, no afecta a los vinos de alta gama", intenta poner paños fríos Sáenz.

5 - Se acelera la concentración

Durante años los empresarios del rubro se jactaron de la gran competencia que ofrece su industria, con centenares de etiquetas en el mercado interno y con casi 400 bodegas colocando parte de su producción en el exterior. Sin embargo, desde hace por lo menos tres años comenzó un incipiente proceso de concentración, que es liderado por grupos los Peñaflor (controlado por algunos de los ex accionistas de la Cervecería Quilmes) y Molinos Río de la Plata (de la familia Perez Companc).

Estos dos jugadores crecen no solo mediante la compra de bodegas sino también con una batería enorme de lanzamientos con los que van ganando participación de mercado. "No veo un proceso de concentración en la Argentina similar al de Chile, pero ya se siente con fuerza en la gastronomía donde hay cinco grandes jugadores que dominan las cartas de los restaurantes", explica Alfredo Sáenz.

La concentración también se desprende de las estadísticas oficiales. Según el registro del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), a fines de 2016 había 864 bodegas operativas contra las 984 de 2010, lo que implica una reducción del 12,2% en la oferta en apenas seis años.

"No descartamos que se produzca un proceso de consolidación, pero no creo que se termine en una concentración como la que se vivió en Chile o Australia porque el contexto cultural y social del negocio es más parecido al de Europa, donde sobreviven los pequeños productores. No todo es escala y por estoy estamos convencidos que va a seguir habiendo lugar para una bodega como la nuestra que apueste a la innovación y la diferenciación", sostiene Alberto Arizu, dueño de la bodega Leoncio Arizu.

La visión de que hay lugar para los jugadores más chicos es compartida por otros especialistas. "Hoy hay una explosión de pequeños proyectos en el vino, en un proceso parecido a lo que pasó con las microcervecerías, básicamente porque las barreras de entrada al negocio son muy bajas. El interrogante es saber si a futuro habrá mercado para todos estos nuevos proyectos", señala Javier Menajovsky, fundador de Wine Revolution, una productora de eventos que está organizando la feria Vinos & Negocios, que se llevará a cabo los días 16 y 17 de mayo y que reunirá a bodegas de "pequeña y mediana escala".

6 - Todo en venta

La pérdida de competitividad externa y la baja en las ventas en el mercado interno hizo que cada vez más bodegas tengan el cartelito de "en venta", seducidas en parte por los importantes valores de la tierra. "El negocio inmobiliario sigue siendo un aliciente muy fuerte. No hay que olvidar que los que compraron tierra en Mendoza hicieron grandes diferencias. En 2005 una hectárea en el Valle de Uco se conseguía por 300 dólares y hoy puede llegar a los US$ 30.000. Creo que no hubo en toda la Argentina una revalorización de los terrenos tan grande como la que se logró en Mendoza", asegura Sáenz

"La polarización del negocio sumado a los problemas que hubo con las últimas dos cosechas hacen que hoy haya muchas bodegas que están dispuestas a escuchar una oferta de compra para salir del negocio", coinciden en Norton.

7 - Interés inversor

A pesar de todos estos problemas el vino argentino sigue seduciendo a compradores locales e internacionales. Durante los últimos meses se anunciaron varias operaciones millonarias como la venta de la bodega mendocina Sottano a Vicentín Family Wines, la división de vinos del grupo Vicentín, a cambio de US$ 10 millones. Molinos se alzó con asoció con el enólogo internacional Paul Hobbs con la compra del 50% de Viña Cobos, a cambio de US$ 12,1 millones. Hace una semanas además se anunció Finca La Anita, la bodega boutique del empresario Manuel Más, sumó como socio al grupo suizo Origin Wines, que ya había puesto un pie en Mendoza con la compra de los viñedos Mendoza Vineyards.

Por su parte, el grupo Concha y Toro (el número de la región y el tercer productor de vinos del mundo) acaba de anunciar una inversión $ 75 millones en Mendoza, apuntando tanto al mercado interno como a la exportación, mientras que la compañía catalana BD Bacatá confirmó un desembolso de U$S 40 millones en un proyecto Valle de Uco, y el empresario canadienses Neal Neelands inauguró la bodega Solo Contigo, en Tunuyán, con una inversión de US$ 3 millones.

"Con todos sus problemas, la Argentina no deja de ser un lugar muy atractivo para invertir. El país es el quinto productor mundial con una participación que sigue siendo baja en el comercio mundial lo que da cuenta del potencial y con precios accesible de las tierras para la producción de vinos premium", se entusiasma en Luigi Bosca.

A esta lista de inversiones y proyectos en marcha además hay que sumar los interesados que se esperan que lleguen al país seducidos por las 7.000 hectáreas que acaba de poner en venta el gobierno nacional en el departamento mendocino de Tunuyán, pegadas al exclusivo Valle de Uco.

El Gobierno espera recibir por cada hectárea que se venda inversiones que van desde los 15.000 hasta los 40.000 dólares, dejando en claro el poder de seducción que todavía sigue despertando el negocio del vino.

Fuente:Alfredo Sainz para LA NACION - http://www.lanacion.com.ar/2008845-la-paradoja-del-vino-caen-el-consumo-y-las-exportaciones-pero-crecen-las-inversiones


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Comentarios

Pedro Marchevsky 2017-04-13

Las inversiones no crecen. Las inversiones siguen la tasa de ganancia. No hay grandes ganancias en la vitivinicultura por lo tanto no hay grandes inversiones. Hay otros negocios inmobiliarios con mucho marketing. Hemos perdido más de 30.000 has de viñedos. Hay muchas Bodegas cerradas. A los viveros le sobran plantas No hay permisos de perforación. Dónde hay más inversión?

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