03/04/2017

www.vinomanos.com

Valle de Uco: un mapa imprescindible para viajar por el destino más sofisticado del vino argentino

Bodegas de diseño, restaurantes de campo y lujosos, hotelería y unos paisajes fuera de serie. Siete recorridos por el Valle de Uco en un solo mapa descargable.




Joaquín Hidalgo para Vinomanos.com

En las crónicas de viajeros del vino, en las cartas de los restaurantes, en los rankings de las mejores botellas, el Valle de Uco se coló en los últimos años como una pieza codiciada: los tintos potentes y frescos, los blancos nerviosos y aromáticos, la hotelería de lujo y las escarpadas cuestas de los cerros, conforman una de las regiones más fascinantes y completas para el viajero del vino. Recorrer sus casi 28 mil hectáreas de viñedos, sin embargo, es fatigoso si no se tiene un buen plan. Y más que fatigoso, es errático. ¿Dónde parar? ¿Qué priorizar? ¿Cuáles son los rincones que no hay que perderse? ¿Y qué viñedos y bodegas? Eso y unos sabrosos datos más, es lo que listamos a continuación para un viajero con ganas de conocer. Prendé el GPS y poné primera.

De la Carrera a la vid

Lo curioso del Valle de Uco es que, bien visto, casi no es un valle. O al menos en la parte más extensa y vitícola no se parece en nada a uno: de un lado, los cerros imponentes, con cumbres nevadas; del otro, una llanura desértica más allá de unas bajas cerrilladas, que marcan el final del oasis.
Para entender bien por qué se llama Valle lo mejor es entrarle por la ruta 86, conocida como el camino de La Carrera. No es el camino más frecuente, pero sí uno indispensable: arranca al cabo de unos caracoles que asciende por una cuesta desde Potrerillos y se lanza en una pendiente suave valle abajo. Ahí, en un paisaje de pampa montañosa a 2300 metros sobre el mar, es donde le cabe el nombre completo de Valle de Uco.

Por delante hay unos 30 kilómetros de ripio. En ese recorrido se cruzarán ríos, vados de agua y habrán muchas vacas y cultivos de papa al comienzo, aunque también algunos ensayos de viñedos por secano –sin riego–. Y conforme se desciende hasta El Peral y Villa Bastías –a 1200 metros sobre el mar y la vera de la ruta 89– el paisaje cambia y la vid y las bodegas entran en escena. Detrás quedó el Cordón del Plata, por cuyas estribaciones serpenteó el camino, y la imagen de la pared sur con mole de hielo. Sobre la cordillera, en cambio, asomará el cono gigantesco y helado del Tupungato: un volcán cuyo nombre –“mirador de estrellas” en huarpe– da buena cuenta de su altura.

Bodega Atamisque
Bodega Atamisque

San José: Villas Bastías y El Peral

Si en vez del camino de La Carrera se ingresa a Tupungato por Los Cerrillos, se llegará al paraje El Peral a poco de dejar el Cristo atrás, justo desde donde se tiene una de las vistas más lindas. Es un caserío pintoresco, rodeado de viñas y hortalizas, cuyo secreto mejor guardado está lejos de la ruta. Se trata de un camino olvidado llamado La Costa, que corre al oeste, pegado a las cerrilladas: bajo la sombra de las alamedas, los viñedos antiguos y familiares quedan encerrados entre desniveles y esquinas donde remolonean los sauces. Cuidado: seguro cruzan algunos gansos y perros (los “chocos”) por la calzada. Es imposible perderse, incluso tomando caminos equivocados, todos terminan en la ruta 89.

Otros de los lugares fabulosos de este rincón, son: el Chateau de Estancia Ancón y el recorrido por los manzanares de la antigua Finca Monte Balbano, hoy Atamisque, que encierra una cancha de golf diminuta pero con 9 hoyos reglamentarios. Dato: se puede almorzar trucha fresca en el restaurante de la bodega Atamisque por 500 pesos por persona con vino.

¿Lo mejor para beber en esta zona? Chardonnay, muy expresivos, lo mismo que Pinot Noir; unos pocos Malbec, apretados y jugosos.
Un camino menos frecuente es descender desde Villa Bastías, bordeando el río Anchayuyo: por esos pedregales se accede a viejos viñedos cuyos Chardonnay son famosos.

La Ruta 89 y Tupungato

La Villa de Tupungato es un lugar curioso. Como en todo pueblo agrícola, conviven algunas casas lujosas con una mayoría menos logradas. Sin embargo, el común denominador es la tranquilidad y el parpadeo de unos pocos semáforos. Un dato piola es almorzar en Don Ilo, posiblemente el restaurante más inusual de Mendoza, porque la especialidad de la casa son los pescados de mar. Ojo: no hay en toda la provincia un restaurante en el que se los coma mejor. Aun cuando el local esté un poco desangelado vale la pena. En las mesas aledañas habrá gente de la industria, agrónomos y enólogos, haciendo su parada. Para un sándwich, la Amalia es mejor.
Bodega Salentein

Pero si la idea es visitar bodegas, conviene no detenerse mucho en la Villa de Tupungato. Mejor es hacer unos kilómetros más por la ruta 89, que enhebra las principales bodegas y restaurantes de la región. Desde Domaine Bousquet y su restaurante Gaia, a Bodega Salentein y su complejo Killka, pasando Andeluna y su restaurante (menú Criollo maridado 611 pesos por persona), hasta la bodega Rutini. Todos con una vista inmejorable de las estribaciones del Cordón del Plata y con menús completos, por pasos o a la carta.

Para un asado más campestre, La Azul. Mientras que una buena opción en la zona es Tupungato Divino que, amén de ser una posada simple y bien ubicada, ofrece vinos poco conocidos y de autor de la región. ¿Los mejores vinos de la zona? Malbec intensos y jugosos; Cabernet Sauvignon aromáticos y frescos; Chardonnay y Sauvignon Blanc filosos.

La vuelta de Gualtallary

Antes de montarse en la ruta 89, en una pequeña rotonda a la salida de Tupungato, se abren dos caminos: el Corredor Productivo por la ruta 99 y la Vuelta de Gualtallary. Para subir a este terroir de renombre, se gira a la derecha por la calle La Vencedora y, muy mendocinamente, se hace un codito “donde topa” en Bodega Altus, para continuar subiendo ahora por ripio, custodiado por una gran acequia. Se vadea un río seco y ya: se está entrando en la zona prometida. Para paraíso, le faltan árboles. Pero la vista es extraordinaria en todas direcciones. A derecha, las cerrilladas, esconden el campo de Golf de Tupungato Winelands. Pronto llegan los portones del Monasterio del Cristo Orante –bien vale una visita– y las bodegas Finca Ferrer, Huentala Wines, Zorzal Wines y el famoso Viñedo Adrianna de Bodega Catena. Todos ellos son reconocidos productores de Malbec intenso y muy fresco; mientras que el Chardonnay de esta zona es superlativo.

Pero ahí no termina la vuelta. Se puede seguir más arriba, hasta que se cruza el río Las Tunas en Estancia Silva. Ahí conviene remontar, en plan camping, el camino hacia el oeste y llegar al dique Las Tunas (1700 msnm): el derivador del que sale el agua para todos los viñedos recorridos y cuya agua bajaba por el acequión del comienzo. Dato mochilero: es un lindo lugar para hacer un asado campestre, bajo los únicos árboles de la zona.
De Estancia Silva en adelante, el camino se cuela entre los viñedos de San Pablo y sale a la ruta 89.

Casa de Uco, restaurante y hotel.

El Manzano, Chacayes y más arriba


Justo donde la ruta 89 hace una “Y” con la 90, se llega a un paraje conocido como Los Árboles (aunque nadie los recuerda como “Los Árboles de Villegas”), por donde surca el arroyo San Pablo. Hay montes de nueces y en otoño es posible ver jabalíes hociqueando el suelo, algún que otro zorro que cruza despreocupado el asfalto.

El camino comienza a ascender por una quebrada amplia, curva y contra curva, y retrepa una cuesta suave pero sostenida. Cuando llega al Manzano Histórico, habrá subido 500 metros. Allí está el monumento a San Martín: conviene ir a verlo porque no es el típico jinete de bronce galopando hacia la victoria, sino casi un paisano a lomo de mula. El paraje es la gloria para los tunuyaninos en verano, pero no vale mucho la pena quedarse. Se abren dos posibilidades: poner rumbo al cerro, por la quebrada de El Portillo hasta el refugio Portinari y el Cajón de los Arenales; o bien volver hacia el llano. Subir, si hay tiempo, es una excelente experiencia, el camino es transitable y los acantilados de roca bien valen una visita.

Si se toma hacia el llano, en cambio, el viajero del vino debe saber que está entrando en terreno alado. Aquí arranca Chacayes, la Indicación Geográfica en formación de la que se habla como el próximo gran capítulo del Valle de Uco, porque ofrece Malbec potentes y de frescura elevada. Descendiendo, a la izquierda está Finca Blousson, una pequeña bodega y hostería, y a derecha no tardará en aparecer Casa de Uco, uno de los hoteles y restaurantes más lujosos y bonitos del vino local con habitaciones que rondan los 400 dólares la noche. Próxima está la posada Alpasión, con menos habitaciones y lujosa a su manera. En su restaurante se debe aprovechar el menú express, principal y copa de vino por 195 pesos.  Un poco más abajo, aún, Viña Vida, cuyos viñedos concéntrico y con dibujos de botellas se ve sólo desde el aire. Ahí nomás, la Villa de los Enólogos de The Vines, las bodegas Solocontigo, Súper Uco, Abremundos, Corazón De Sol y Giménez Riili. Atento: ahí, en el corazón de ese gran paño de viñas que se extiende hacia el norte, está el restaurante Los Fuegos, de Francis Mallmann. No será barato, aproximadamente 900 pesos el cubierto sin vino, pero sí digno de verse, cuando a última hora se reflejan los cerros en la laguna.

Dato: apenas más abajo está Piedra Negra, la bodega de Françoise Lurton, solitaria hace tan sólo una década y media atrás.

Calle Tabanera en otoño.

Vistaflores y el Corredor Productivo


La ruta que desciende del Manzano y el Corredor Productivo (ruta 99) se cruzan poco antes de Vista Flores (hacia el llano). Para hacer un recorrido inolvidable, lo mejor es retomar el Corredor hacia el norte y descender por la Calle Tabanera hasta Colonia las Rosas: será un paseo por un bóveda de Olmos, al ritmo cancino de la tierra adentro. 
Si en cambio pica el bagre, mejor es avanzar por la ruta 92 y hacé una parada en La Posada del Jamón: un restaurante de campo famoso porque sirven solo vinos de Vistaflores, cuyos Malbec son potentes y aromáticos, y, claramente, por los jamones que ellos mismos curan.

¿Bodegas para ver? Hay varias. Desde Vistaflores, precisamente del tanque de agua (es un hito muy claro en el camino) hacia los cerros, se llega al Clos de los Siete: para comer Diamandes, para visitar y recorrer, Flechas de los Andes, Cuvelier y Monteviejo. Ojo, del tanque para el llano se va Antucurá. Si se sigue derecho, en cambio, se cruza Bodega Esmeralda; casi enfrente, bodega Tikal y su increíble tajamar en forma de cuña.
Lo lindo de esta parte del valle es que aquí hay frutales: manzanos, cerezos, ciruelos y el paisaje es muy verde. Pasearse por los caminos internos (otra vez es imposible perderse) siempre será un buen plan, custodiado por alguna lechuza o animado por las golondrinas que juegan en lo alto.

Restaurante Piedra Infinita, Zuccardi Valle de Uco

La Consulta, Paraje Altamira y Eugenio Bustos

A San Carlos se llega desde Mendoza, todo derecho por la 40. Pero si se viene desde la parte alta del Valle de Uco lo mejor, lo más recomendable es emprender el camino por la ruta 92. Dejar atrás Campo Los Andes –el hito son unas raras torres al costado del camino– y cruzar el río Tunuyán por un viejo puente de hierro a tipo Eiffel.

Ahí nomás, se llega a La Consulta, famosa por sus Malbec profundos y jugosos. La primera bodega es Finca Abril seguida de Altocedro. Para comer, nada hay como el Cielo, frente a la plaza, donde circulan los chismes del vino entre los agrónomos y enólogos al mediodía. Claro que ahí nomás está Paraje Altamira. ¿Dónde arranca? Cruzando la calle La Superiora. Un paseo por esas fincas obliga a terminar en Zuccardi Valle de Uco, donde también se puede picar algo rico y logrado con productos de la región (menú de cuatro pasos $1100 más 200 pesos de maridaje opcional).

O bien, retomar el Corredor Productivo –ahí todos le llama calle Ghilardi– y avanzar hacia O. Fournier cuya cúpula plana a lo Enterprise domina la vista y su restaurante es parada obligada para los más gourmand (menú de 6 pasos 740 pesos con opción de maridajes desde $150) Cuando llegués a la puerta, estás en la Calle los Indios. Hacia los cerros, se extiende el paraje El Cepillo, también Indicación Geográfica en formación y promesa de la zona. Hacia el llano, Eugenio Bustos. Ahí, Finca La Celia es una bonita parada. Sobre todo si reservaste en La Celia Inn, la casa patronal, para pasar la noche ($1700 base doble aproximadamente).

Último dato: de aquí a Mendoza tenés 130 kilómetros, con 100 de autopista.

Fuente: http://www.vinomanos.com/2017/02/valle-de-uco-recorridos-enoturismo/


=

Comentarios

Omar 2017-04-05

Excelente!!!

Comentar