14/03/2017

vidivinos.com

¿Hong Kong está inundado de vinos falsos?

La autentificadora de vinos Maureen Downey comparte algunas claves para reconocer un burdeos o una champaña falsos de los verdaderos.




Aun cuando la falsificadora de vinos chino-indonesia Rudy Kurniawan está pagando 10 años en una cárcel en EE. UU. por vender en subastas grandes cantidades de botellas falsas, muchas de ellas pueden conseguirse todavía en bodegas de coleccionistas o reaparecen en subastas.

Continúan circulando aunque los coleccionistas descubran que poseen falsificaciones, porque venderlas es la única manera como pueden reclamar las decenas o centenas de dólares estadounidenses que pagaron por ellas, dice Maureen Downey, una autentificadora de vinos que recopiló los reportes del Departamento de Justicia de EE. UU. sobre la audiencia de sentencia de Kurniawan en 2013.

Downey, de 44 años de edad, estuvo en Hong Kong recientemente para capacitar a los representantes de la industria de vinos sobre el problema con las falsificaciones, que son vinos que lucen como los vinos más caros. Ella cree que la ciudad se ha convertido en un basurero desde que el caso de Kurniawan salió a la luz, mientras que los coleccionistas en EE. UU. tratan de deshacerse de todas las falsificaciones que encuentran.

Downey nació en San Francisco y creó winefraud.com en 2015, ─un sitio por subscripción con recursos para identificar falsificaciones─ dice que China también está inundada de vino falsificado. Ella cita que el abogado de derechos de propiedad intelectual Nick Bartman declara que el 70% del vino importado de China es falso. Los análisis de vinos confiscados han demostrado que no tienen nada que venga de una uva.

Downey también menciona al enólogo Frankie Zhao, que declara que el 70% del vino Chateau Lafite Rothschild en China es falso.

Parte del problema es el alto impuesto al vino importado que debe pagarse en China, lo cual lleva a que los coleccionistas contraten a los que Downey llama “coyotes” para que introduzcan botellas al país por canales que no pagan impuestos, pero estos importadores también podrían estar cambiando los vinos genuinos por los falsos.

“Esto no pasaría en Europa porque ellos han sido coleccionistas por generaciones”, dice Downey. “Existe una colección familiar y los hijos crecen en el ambiente relacionado con el vino, y aprenden con y de su familia sobre el vino. La gente tiene relaciones basadas en la confianza con los comerciantes de vinos, así que para cuando alguien se convierte en coleccionista de vinos ─alrededor de los 30 o 40 años de edad─, ya tiene toda una vida de conocimiento detrás de él y unas largas y estables relaciones con comerciantes de vinos o con productores de vinos.

El problema para los compradores en Hong Kong y en China es similar a la que se vive en los EE. UU. donde no hay una tradición en la colección de vinos.

“Aquellos que comenzaron a coleccionar vinos obtuvieron su conocimiento leyendo a Robert Parker (crítico de vinos) y en internet. Tienen mucho más dinero que conocimiento, y mucho más ego que juicio”, dice Downey.

Sin una relación entre el comprador y el vendedor, dice, la procedencia de los vinos no tiene importancia para estos compradores que solamente se interesan en el precio.

Esto, a su vez, ha facilitado a los falsificadores sacarle ganancia a la venta de vinos falsos porque los nuevos coleccionistas únicamente quieren los nombres famosos.

El interés de Downey comenzó cuando ella era estudiante del primer año en la Universidad de Boston, donde estudiaba Hotelería. Luego estudió para obtener una certificación superior como Maestro Sommelier y se mudó a Nueva York, donde administró restaurantes de comida gourmet.

Con un sofisticado paladar para el vino, un trastorno obsesivo-compulsivo y una buena memoria, a Downey le resultó relativamente fácil detectar las falsificaciones.

Las falsificaciones llamaron su atención por primera vez cuando ella trabajaba en Morrell en 2000 como especialista en una subasta. Se enteró que sostenía una botella falsa de Petrus porque era demasiado liviana y casi flotaba en sus manos. “Nadie me lo dijo, pero supe que no estaba bien”.

No había un curso para aprender a detectar las falsificaciones cuando Downey entró en el negocio, así que ella comenzó a hacer su propia investigación. Aprendió en el Museo Metropolitano de Nueva York, de la mano de un experto en papel, cómo envejece el papel y las técnicas que se utilizan para hacer que el papel luzca viejo. También le preguntó a su primo, un especialista en vidrio, acerca de la historia del vidrio y cómo este cambia con el tiempo.

Cuando comenzó a trabajar en la casa de subastas Zackys en 2002, comenzó a ser conocida por detectar falsificaciones.

Durante su reciente seminario en Hong Kong, Downey explicó que el fraude en el vino no se limita a las falsificaciones, también incluye las falsas ventas de vino en línea, el robo de vino en tránsito (de restaurantes y bodegas), y la demanda de un seguro sobre ello.

Aunque el principal negocio de Downey es la evaluación y desarrollo de las colecciones de vinos de sus clientes, también autentifica vinos.

“Es usar la lógica, tener buen ojo y paciencia. Debes dispuesto a decir ‘No puedo opinar sobre este vino en este momento. Necesito ir atrás y estudiarlo’. No puedes juzgar demasiado pronto. Saltar a las conclusiones no te llevará a ningún lado”, dice.

Cual detective, Downey lleva consigo sus herramientas de autentificación: una lente de aumento, una lupa de joyero, linternas (incluye una que emite una luz azul) y navajas.

Downey señala que los falsificadores no están familiarizados con las historias de los chateaux y que esto puede ser una pista. Por ejemplo, la etiqueta de una botella de 1923 proveniente de Francia no tenía las palabras “appellation d’origine controlée” porque la garantía de origen y la calidad no se instituyeron sino hasta 1935. También es importante conocer sobre los tamaños y formas de las botellas provenientes de los diferentes chateaux, el tipo de vidrio, las cápsulas y los corchos utilizados.

Las botellas deben ser consistentes: si la etiqueta luce vieja pero la cápsula (el aluminio o metal que cubre el corcho) está nuevo ─como una botella Musigny de 1949 que tenía el símbolo de reciclaje en ella─ por lo tanto, es obviamente sospechosa. Si las letras en la etiqueta están muy juntas o muy separadas, han sido impresas en computadora. Si están impresas por el chateau, usualmente están hechas con una prensa y las letras no cambian.

En una botella de Petrus la escritura en 3D es siempre nítida y detallada, incluso en las botellas más viejas. En las falsas, las líneas de tinta roja aparecen como una mancha. Downey también bromea que si la imagen de san Pedro en la etiqueta se parece más a Osama bin Laden, es probable no sea una Petrus verdadera.

Ella emplea una linterna con luz azul para revisar el papel de la etiqueta. El papel hecho para las etiquetas de 1957 en adelante se ven fluorescentes bajo la luz azul debido a un particular químico utilizado. Así que las botellas que se ven viejas pero cuyas etiquetas brillan bajo la luz azul, son cuestionables. Algunas veces los falsificadores usan etiquetas hechas con papel reciclado, que no usan los productores.

Otras claves pueden encontrarse en los corchos. Por ejemplo, los que se utilizan para los vinos burdeos miden 55 mm o más. La pega en la cápsula es otro mal signo: los enólogos no usan pega.

Downey dice que sedimento en las botellas dificulta a los falsificadores cometer el fraude, y algo no está bien si el sedimento brilla como purpurina cuando recibe la luz.

Aun así, no es fácil para los novatos, ni si quiera para aquellos más conocedores de los vinos, descubrir uno falso, dice.

“Hay (vendedores de vinos) que tienen buenas intenciones, pero que no tienen el conocimiento. No obstante, en este juego tienes que conocer lo que estás haciendo”.

Irónicamente, dice, los sommeliers tienden a saber menos sobre los vinos falsificados porque no se ocupan mucho de los vinos viejos, ni trabajan en bodegas ni en casas de subasta.

Y mientras algunos productores de vinos finos hacen todo lo posible por acabar con los falsificadores cambiando las etiquetas o añadiendo hologramas, otros no tienen los recursos para responder la inquietud de los compradores cuando les preguntan si compraron un vino verdadero.

Uno de los asistentes al seminario, Eric Desgouttes de Kerry Wines, admite que mucha gente de la industria nacional del vino no tiene muchos conocimientos. “Hong Kong no está haciendo falsos vinos, pero nosotros obtenemos vinos de todo el mundo. Quizás debiéramos hacer más preguntas”.

Durante el tiempo que pasó en Hong Kong, Desgouttes admite que, sin saberlo, compró y probó varios vinos falsos y dice que los coleccionistas y compradores deben hacer oír sus voces mucho más.

El Departamento de Servicio de Aduanas de Hong Kong dice que tiene a un equipo de 12 personas dedicadas a la investigación de sospechosas falsificaciones de vinos con contactos en la industria del vino local y en China.

“Conocemos de ciertos comentarios hechos por algunos asesores de vinos sobre posibles problemas de vinos falsificados en el mercado. Sin embargo, ningún aporte material para hacer el seguimiento pudo proporcionarse a la investigación”, dice el departamento.

Desde que el equipo se formó en 2008, cuando Hong Kong eliminó la importación de vinos, solamente una persona ha sido acusada en un caso relacionado con la falsificación de vinos. Una corte encontró a la persona acusada como no culpable.

Este artículo fue publicado en la edición impresa de South China Morning Post como too good to be cru

Escrito por: Bernice Chan

Fuente:http://www.scmp.com/lifestyle/food-drink/article/2075142/hong-kong-awash-fake-wines-we-seek-expert-knowledge


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