14/02/2017

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A favor del vino y nuestra identidad argentina

La ley porteña que prohíbe publicitar esta bebida es un acto de ignorancia y atenta contra nuestra propia identidad nacional




Es un grave error la decisión de la Legislatura Porteña de incluir al vino dentro de una ley que prohíbe la publicidad de bebidas alcohólicas en la vía pública, ya que el vino, no posee las características de otras bebidas alcohólicas.

Sin dudas, en estos tiempos que corren hay muchas bebidas que causan estragos en nuestros jóvenes y es una gran preocupación que todos tenemos. Pero el vino no es parte de los peligros que generan otras bebidas o la droga. Por el contrario, el vino se vincula a nuestra identidad, a la argentinidad, a la familia y los amigos, a nuestras tradiciones más nobles.

El vino se relaciona con los grandes momentos de la vida, con las alegrías y las tristezas, con los momentos sublimes de la historia de la humanidad y con nuestras vidas mismas. Por eso sorprende que se haya votado una ley que atenta contra nuestra propia identidad de argentinos.

La ley que incluye en la prohibición la publicidad del vino es un triste acto de ignorancia e injusticia que generaliza y mezcla el concepto de bebida alcohólica, creyendo que todo es igual. Pero no todo es igual, y es deber del legislador evitar esas generalizaciones que tanto mal le hacen y han hecho a la humanidad.

Conociendo la cultura de nuestro país, a lo ancho y largo de nuestra geografía, no tengo dudas de que el vecino de la Ciudad de Buenos Aires, como buen argentino, está en contra de una decisión que inclusive atenta contra su propio estilo de vida.

El vino además es un alimento, ya que fue incluido por ley en el código alimentario. En 2011, acertadamente fue declarado por la Ley 26.870 "Bebida Nacional" y asignado el 24 de noviembre como su día, por considerarlo (junto con la yerba mate) emblemas de nuestra Identidad Nacional.

El vino es nuestra cultura, nuestra gastronomía, es el brindis con la familia, con amigos o con los compañeros del trabajo, es el invitado obligado de todo festejo, es la amistad, es el símbolo del amor, es el compañero de una buena conversación, es el cultor de nuestras más lindas tradiciones argentinas y es uno de los motores del turismo en nuestro país. Todo eso y mucho más es el vino y no merece que ahora lamentablemente se lo estigmatice y margine de nuestra vida.

Existen numerosos estudios científicos que confirman las enormes bondades del vino, indicando cuáles son las propiedades saludables del consumo moderado de vino. Además del alcohol, contiene otros nutrientes tales como las vitaminas, los aminoácidos, los minerales y los polifenoles antioxidantes.

En cantidades moderadas, como la industria vitivinícola lo viene promoviendo, sabemos que puede ser beneficioso para la prevención de enfermedades coronarias por su acción sobre el colesterol bueno, reduciendo la mortalidad cardiovascular, así como el riesgo de enfermedad coronaria, ictus y diabetes.

Por el contrario, otras bebidas alcohólicas causan un daño grave a la salud pública sin los beneficios de salud y económicos que reporta el vino.

Quizás los legisladores porteños no sepan que el vino y la viña son inseparables en la cultura del Oeste Argentino y en nuestras economías regionales a lo largo de 2.000 kilómetros de norte a sur y que actualmente ya hay once provincias argentinas que producen vino, casi la mitad del país.

Detrás de cada viña y de cada litro elaborado de vino, hay miles de productores, de trabajadores y de familias. Quizás no sepan todo el esfuerzo que hay detrás del vino, que no se fabrica como una gaseosa, sino que se produce con un gran esfuerzo, quizás no sepan lo que es perder una cosecha por la helada o el granizo.

Seguramente no consideraron el impacto social y económico que tiene sobre las provincias productoras. Pero jamás la política y las políticas pueden implementarse sin pensar en el impacto.
El vino es parte integral, no sólo de los que lo elaboramos o los que vivimos en las zonas productoras, sino de la argentinidad toda. En los últimos tiempos he dialogado con mucha gente de Buenos Aires sobre el tema. Me he encontrado, como lo suponía, que la gente de allí ignora lo que se ha votado y al enterarse sienten la misma indignación que nosotros, porque se ha atentado contra la identidad de todos los argentinos sin distinción.

Como aquel taxista correntino radicado hace muchos años en Buenos Aires que con gran asombro, un poco de vergüenza e indignación me consolaba diciendo que los perdonara "porque quienes votaron la ley no conocen la realidad del interior del país".

Estoy además absolutamente convencido de que la ley es inconstitucional. Además de afectar el comercio entre provincias, contradice lo establecido en la ley 24.788 que permite la publicidad de bebidas alcohólicas, siempre que no se dirija a menores de 18 años o se los muestre bebiendo; en tanto la publicidad de que se trate incluya "en letra y lugar visible las leyendas "Beber con moderación" y "Prohibida su venta a menores de 18 años", algo que nuestra industria respeta tajantemente.

Las provincias productoras no vamos a quedarnos de brazos cruzados y actuaremos en todos los ámbitos que corresponda para revertir esta ley injusta. Pero también deben acompañarnos los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires, que tienen al igual que nosotros al vino como parte fundamental de su cultura, de su historia y de su identidad argentina.

Ellos deben acompañarnos peticionando ante sus representantes para que se modifique la ley, se exceptúe al vino, y se haga justicia. Porque somos todos argentinos, porque todos somos parte de la misma historia, en cualquier rincón del país, incluidos los legisladores y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que siempre están a tiempo de reflexionar y enmendar el error y el daño que cometieron.

Todos los argentinos compartimos una historia, una identidad, una pasión, y el vino es parte de ese ser argentino. Nunca lo olvidemos: ¡El vino argentino es nuestra bebida nacional!

Fuente: http://www.diariouno.com.ar/a-fondo/a-favor-del-vino-y-nuestra-identidad-argentina-20170212-n1338695.html


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