09/02/2017

Exención del impuesto a los espumantes

Dura respuesta de Susana Balbo a las apreciaciones de Sergio Massa

La diputada nacional sostiene en su respuesta que las apreciaciones de Sergio Massa sobre el impuesto a los vinos espumantes son oportunistas y no tienen ningún sustento. Sólo se trata de falacias que desconocen la realidad de un sector exitoso, que invirtió, innovó y permitió la generación de empleo de calidad en la última década. A continuación sus argumentos:




En sus primeras recorridas del año por las zonas productoras de las economías regionales el diputado nacional Sergio Massa nos ha dejado algunas declaraciones que representan un buen punto de partida para discusiones más profundas sobre las mejores políticas económicas que pueden transformar a la Argentina en un país competitivo y moderno con mayor igualdad y mejores oportunidades para el ascenso social, objetivo central de la actual administración nacional.

Oportunismo y actitudes clientelares quizás serán muy difundidas en un año electoral en toda nuestra geografía nacional y conviene entonces comenzar a aclarar conceptos antes que se conviertan en “relatos” sin sustento pero arraigados y, lamentablemente, cargados de falacias que acostumbra el señor diputado.

Textual del Diputado Massa:

•    “No puede ser que el champagne tenga beneficios y no los tengan la manzana, el ajo, el tomate o la pera. Tenemos que cuidar el empleo y la producción nacional"
•    "Queremos que las economías regionales tengan los mismos beneficios impositivos que el Gobierno le otorgó al champagne. No puede ser que el champagne tenga beneficios y no los tengan la manzana, el ajo, el tomate o la pera. Tenemos que cuidar el empleo y la producción nacional"

Error 1: El champagne no tiene beneficios impositivos

A los vinos espumantes no se le aplicaron beneficios impositivos quitándoles un impuesto u otorgándole un subsidio. Lo que se hizo fue prorrogar la aplicación de un impuesto que nunca se cobró. Parece sólo dialéctica pero “no se otorga un beneficio sobre algo que nunca se tuvo”. Si se quiere hacer lo mismo con la manzana, la pera, el tomate o el ajo primero se le debería poner un impuesto y luego eximirlos de pagarlo ¡¡¡toda una obra de ingeniería política-demagógica-comunicacional que aconsejamos ponga en marcha el señor diputado!!!

Hace ya quince años se “pensó” que un impuesto al vino espumante era una política impositiva progresista porque se le cobraba impuesto a los ricos para usarlo en gasto público que iba a los pobres, algo así como el Robin Hood al que muchos políticos (Massa incluido) son tan afectos y siempre, por supuesto con la plata de otros. De hecho la aplicación del impuesto fue firmemente resistida por Roberto Lavagna que en 2004 era Ministro de Economía y pedía vetar la eliminación del impuesto que había ya en ese momento aprobado el Congreso.

Una clase básica de microeconomía –que le recomendamos al diputado– de esa que ya pocos discuten de la escuela económica que sea, enseña que un impuesto directo a un producto se interpone entre el precio que pagan los consumidores y el que reciben los productores. Es una transferencia de recursos que ambos hacen al Estado. Cuánto aporta cada uno depende del tipo de producto o mercado. En el caso de la sal, quizás del papel higiénico o los cigarrillos, por ejemplo, como su demanda no cambia tanto ante cambios en el precio el impuesto lo termina pagando en mayor medida el consumidor. En el caso del vino espumante, en cambio, el consumidor disminuye el consumo ante variaciones de precios porque el producto es muy sustituible y el impuesto termina pagándolo en gran medida el productor. Entonces la reflexión es rápida, un impuesto a los vinos espumantes afecta a los productores, desincentiva la inversión, disminuye el empleo y da una señal pésima a los inversores que apuestan por la innovación, fuente principal de riqueza de los países.

Los vinos espumantes ya no son símbolo de los bailes de Maria Antonieta en el palacio de Versalles ni de viajes a Europa en barco de Martín Alzaga Unzué y sus ricos amigos argentinos tirando manteca al techo. Son sólo “vinos con burbujas” que le gustan a los jóvenes, los consumidores potentes del futuro. Por más “progresista” que se vea la posición del diputado Massa, lo que está atacando es a productores que apuntan a generar riqueza a través de la diferenciación e invierten en innovar. La mayoría de ellos son Pymes y están en las economías regionales. Por ello resulta poco menos que “inquietante” que por ganar algunos votos y aplausos se transiten estos caminos falaces.

Error 2: Los beneficios a las economías regionales

También aquí opinó el novel político. Es que hablar de economías regionales y sus soluciones “rinde” en política. La riqueza del país, la diminución de la pobreza y la capacidad de que las clases sociales puedan ascender hay que buscarlos por otros lados, requieren de esfuerzos superiores y no meros actos demagógicos de subsidios o impuestos con resultados en el mejor de los casos mediocres en la relación a las metas que se pretenden alcanzar.

Hay productos primarios que no tienen otro destino que ser materia prima de productos industriales. Es el caso de la uva para vinificar o el de la yerba mate. Es decir su destino es cooperar con el valor agregado de otro producto. Más aún, en economías agrícolas como aquellas donde se produce vino, lo escaso no es la uva, sino el agua. De allí que la mejor política económica es aquella que logra aumentar al máximo el valor agregado de cada litro de agua. Entonces, cuidado con poner impuestos en forma irresponsable a productos que agregan valor en lugares donde la escasez debe administrarse muy bien. Quizás viviendo en Tigre a la vera de uno de los ríos más caudalosos del mundo no tenga conciencia el diputado Massa de lo que significa producir en pequeños oasis rodeados de desierto. En Mendoza sólo un 3% del total de su superficie es cultivable. Con el agua disponible hay que atender las necesidades vitales de la población y regar los productos que mayor valor agregado otorguen.

Mucho se ha estudiado en materia impositiva y existe acuerdo general de que los impuestos deben ser de fácil cálculo y recaudación, que deben ser progresivos –es decir que paguen más aquellos que más tienen–, que sean generales para no afectar los precios relativos y por ende no provocar distorsiones de precios relativos que luego distorsionen la asignación de recursos, los flujos de inversión y luego el empleo y que las cargas tributarias no se escalonen entre sí para no gravar impuestos sobre impuestos como el caso del impuesto a los Ingresos Brutos.

Son, a su vez, impuestos deseables aquellos que corrigen distorsiones de la economía como por ejemplo la contaminación ambiental o que eventualmente protejan a la población como el impuesto al tabaco. No es el caso del impuesto a los vinos espumantes cuya finalidad era ser una fuente de recaudación bajo el supuesto que se le aplica a un bien suntuario que consume la gente de mayores ingresos y que por lo tanto se trata de un impuesto progresivo.

Poner un producto regional en contra de otro producto regional es confrontar “pobres” contra “pobres”. Las economías regionales tienen muchas razones para estar postergadas. La falta de escala de la mayoría de sus producciones, el elevado costo impositivo, la distancia a los mercados, el costo de la logística, los elevados impuestos provinciales o municipales, regulaciones laborales distorsivas, la falta de acuerdos internacionales del país, deficientes servicios públicos en las zonas rurales, infraestructura pública deteriorada, escasez de mano de obra calificada, y otras más son sobradas razones que explican el retraso de las economías regionales que no se solucionan apelando al facilismo de creer que con políticas fiscales de impuestos y subsidios se pueden resolver.   

La moderna industria de los vinos espumantes

La expansión de la producción y venta de vinos espumantes tuvo dos puntos centrales que la explican: aumento del consumo por nuevas tendencias y aumento de la inversión como respuesta a esas demandas de los consumidores. ¡¡¡Casi una obviedad de negocio virtuoso!!!

Como en otros mercados, las preferencias de los consumidores han cambiado en los últimos años y en el caso del vino las causas de estos cambios han estado vinculadas a la globalización que generó nuevas demandas en países no habituados al consumo de vinos como fueron Reino Unido, Estados Unidos y más recientemente China. Allí apareció el gusto por vinos más suaves, simples, frutales y una preferencia por los espumantes.

Estas tendencias se reforzaron con la aparición en el consumo de las generaciones más jóvenes con mayor preferencia aún por este tipo de vinos y la mayor influencia de la mujer en un mercado antiguamente más masculino.

Estos fenómenos se replicaron en Argentina y los números son muy elocuentes:
•    El mercado de vinos espumantes pasó de  28 a 62 millones de botellas anuales en apenas una década lo cual significó una expansión anual promedio superior al 7%. Pocos sectores en Argentina pueden mostrar una performance como esta, especialmente entre los industriales.
•    Casi todas las bodegas incorporaron en su paquete de productos al vino espumante pues se convirtió en una exigencia que los consumidores trasladaron a través de los canales de comercialización. Hoy un tercio de las bodegas que comercializan vinos fraccionados en Argentina vende espumantes. Casi 100 bodegas en la actualidad ofrecen este producto mientras que una década atrás era sólo un puñado de 10 muy especializadas.
•    La expansión más fuerte se dio en precios bajos y dejó de ser un producto de las fiestas de fin de año. Así, de la mano de la expansión del volumen vendido hubo una sustancial rebaja del precio promedio y en la actualidad existe una amplia gama de opciones de espumantes que antes no estaba disponible a precios relativamente bajos. El precio promedio disminuyó a la mitad mientras que para el total de vino cayó un 15%.
•    Cambiaron los estilos de vinos espumantes aumentando las opciones de vinos dulces y rosados algo que también se corresponde con nuevas demandas de consumidores y repite en Argentina un fenómeno mundial. Hace una década los espumantes dulces prácticamente no se comercializaban y hoy son casi el 10% del total. En tanto los rosados pasaron en una década del 0,2% al 5% actual. Esto habla claramente de que el vino espumante se expandió en mercados antes no explotados.
•    La inversión no se concentró en regiones o bodegas que ya elaboraban sino que se expandió hacia nuevas regiones y empresas más chicas. Aumentó significativamente el número de bodegas con oferta de espumantes en regiones nuevas como Valle de Uco en Mendoza, San Juan, Salta y Neuquén.
•    Además, se incrementó considerablemente la inversión en viñedos y las bodegas aumentaron la proporción de abastecimiento de uvas de terceros antes que de uvas propias. Sólo en las variedades más utilizadas (Pinot Noir y Chardonnay) la superficie aumentó en más de 7 mil hectáreas en el último cuarto de siglo. En estas variedades el 30% es abastecido por productores primarios a las bodegas y de ese total el 45% son pequeños productores de menos de 20 has.
•    En los últimos 12 años de vigencia del impuesto interno a los espumantes se acordó con el Gobierno Nacional su reemplazo por inversiones que el sector realizó y el impuesto nunca se cobró. Con lo cual es posible pensar que el sector se expandió gracias a no tener el impuesto.

Es difícil pensar entonces en un mejor ejemplo de mejora de una economía regional, de esa que todos incluyen en sus discursos. Tiene todos los ingredientes: Pymes industriales, economía regional, valor agregado, inversión, menor migración del campo a la ciudad, mejor utilización de los recursos naturales escasos. Quizás analizarla con un poco de atención y sensatez mejore sustancialmente las propuestas del diputado.


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Comentarios

Patricia 2017-02-09

Mis respetos a la señora Susana Balbo. Ante tanta claridad y elocuencia, el discurso facilista y oportunista se desvanece por falta de sustento. Nuestros políticos tienen mucho que aprender para poder hacer un trabajo a la altura de las necesidades reales de nuestras economías. Ojalá, algún dia se logre.

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